Nuestro significa que pertenece a más de uno…

Cuando vine a vivir a este país, hubo dos cosas que llamaron mi atención de manera especial. Primero que aquí las personas siempre estaban comiendo, lo cual hacían en todas partes; ya fuera conduciendo un vehículo, en el cine o en el parque; en fin, en cualquier lugar. Y segundo, aunque no por eso de menor importancia, sino tal vez lo más importante, el individualismo, es decir, la filosofía de LO MÍO.
No recuerdo que en mis años de infancia alguna vez se me dijera, ni siquiera: “usa TU cepillo de dientes”; y claro está que mi cepillo era solo mío, pero me decían: “usa EL cepillo de dientes”. Pero en este país se habla siempre de TU o MI. Desde los zapatos, el automóvil, la ropa, la casa, los libros, la Biblia, la computadora, la oficina, y cuanta cosa usted pueda imaginar. Es verdad que a diferencia de muchos de los países del mundo, donde tener un automóvil es un gran privilegio familiar, aquí no se concibe la vida sin que cada cual; después de los dieciséis años, tenga su propio automóvil y que además haya en algunas casas un llamado “second car”, que no es ni más ni menos que un automóvil para cuando alguno de los otros autos, se rompe. Pero lo trágico es que la referencia no se hace a manera de distinción, sino para establecer los límites.

Con estos antecedentes nos enfrentamos a la segunda palabra usada por Jesús en el formato de oración dado a sus discípulos y por medio de ellos a nosotros. Tenga presente que Jesús es el HIJO UNIGÉNITO de Dios, ¡no hay otro! Él pudo haber dicho PADRE MÍO… En realidad nosotros no éramos hijos de Dios. Por medio de la muerte expiatoria de Jesucristo es que podemos ser ADOPTADOS como hijos del Padre celestial, sin embargo el dice [Padre] NUESTRO…

Por favor, vamos a leer de nuevo Mateo 6:9-14, y lo haremos muchas más veces durante esta serie de estudios bíblicos.

<em>…Vosotros, pues, oraréis así: Padre NUESTRO que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11El pan NUESTRO de cada día, dánoslo hoy. 12Y perdónanos NUESTRAS deudas, como también NOSOTROS perdonamos a NUESTROS deudores. 13Y no NOS metas en tentación, mas LÍBRANOS del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.</em>Se percata que todos los pronombres están usados en la primera persona del plural. ¡Aquí sí que no hay individualismo!
Padre <strong>NUESTRO</strong>
El pan <strong>NUESTRO</strong>
<strong>NUESTRAS </strong>deudas
<strong>NOSOTROS </strong>perdonamos
<strong>NUESTROS </strong>deudores
No <strong>NOS </strong>[a nosotros] metas
<strong>LÍBRANOS </strong>[a nosotros]

No creo que esto sea una “casualidad” y le puedo asegurar que no se trata de un asunto de estilo, no se trata de lo que en español llamamos un “plural de cortesía” como una forma estilística literaria. En este caso el PLURAL es real y está explícito.

¿Qué pudiera significar entonces el uso del plural por parte de Jesús? Pienso que Él les estaba recordando a los discípulos que ellos no eran “entes independientes”. Este no era un modelo para ser usado por una sola persona, sino por un GRUPO de discípulos, y en cierta medida, les estaba anticipando que serían parte de un grupo mucho mayor: La iglesia de Cristo. Esto me lleva a otra consideración a la luz de los escritos del Nuevo Testamento, en especial los del apóstol Pablo, y es que aunque hagamos la mayor parte de nuestras oraciones, en privado y solos, debemos tener presentes en ellas a los otros miembros de la comunidad de creyentes.
Así que nuestro Señor Jesucristo usó en la “oración modelo” los pronombres en plural. Ahora quiero que por un minuto reflexione en la manera en la cual usted ora. Piense cuántas veces en sus oraciones diarias a Dios, usted usa las palabras yo (pronombre personal primera persona del singular), mi y mío. ¿Cómo cree que cambiarían esas oraciones a Dios, si comenzara a usar NOSOTROS, NUESTRO, DE NOSOTROS, etcétera?

Espero que el Espíritu Santo le revele lo mismo que me rebeló a mí: ¡Tenemos que orar por nuestros hermanos en Cristo! Todos nosotros conocemos personas, en nuestra iglesia, en nuestra clase de la Escuela Dominical, en nuestro grupo pequeño de discipulado o en nuestra célula de estudio bíblico, incluso tal vez en nuestro centro de estudios o trabajo o en nuestro barrio; hermanos en la fe que están atravesando por dificultades, por enfermedades, problemas con el matrimonio, problemas económicos, falta de empleo, situaciones legales, problemas migratorios, problemas con familiares en otros países, y la lista de problemas es interminable. Tengo la convicción de que nosotros, como partes de la comunidad de creyentes, debemos estar orando constantemente los unos por los otros.

Esto indudablemente que tiene más de un beneficio. En primer lugar, nos permite ejercitar nuestra capacidad de preocuparnos por otras personas e interceder por ellas ante Dios, Y SOLO ante Él, solicitando ayuda y sanidad. Esto nos debe animar a todos a tener una expectativa reverente que nos permita poner nuestros sueños y nuestros sufrimientos, así como los de nuestros hermanos en Cristo, en las manos de Dios, para que Él cumpla SU VOLUNTAD en nosotros y por medio de nosotros. También es importante que notemos que esta actitud nos ayuda a pensar en los demás olvidándonos un poco de nosotros.

Con el tiempo, se va a sorprender al notar que va a emplear más tiempo pidiendo por los demás que pidiendo por sus necesidades personales, y al mismo tiempo notará que sus necesidades serán satisfechas como nunca antes. La explicación que encuentro para esto, es que Dios nos recompensa cuando comenzamos a pensar de la manera que Él piensa, ya que ponemos su Reino por encima de nuestros intereses individuales.
Podemos ir todavía más lejos, ya que nuestras necesidades personales se llegan a convertir en oportunidades para interceder por otros. ¿Qué quiero decir? En la medida que oramos por nuestros hermanos y nos familiarizamos con sus luchas, problemas y necesidades e intercedemos por ellas, cuando oremos por nuestras <strong>NECESIDADES PERSONALES</strong>, en muchas ocasiones, recordaremos las necesidades de nuestros hermanos y pediremos también por ellas.
¿Recuerda 1 Pedro 5:9? “…sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”…

Así que no somos los únicos que estamos enfrentado este o aquel problema, por más grave que sea o parezca, por más terrible que sea la enfermedad, las tentaciones, los fracasos y frustraciones, las traiciones… Lo más probable es que usted no conozca por nombres a otras personas que estén atravesando por la misma situación que usted está pasando, pero Dios sí los conoce, el sabe de alguien, en algún lugar que ahora mismo está enfrentando un problema similar al suyo, es probable que esa persona esté necesitando saber que Dios se preocupa por ella. Cuando ore por sus necesidades, incluya a otros que estén pasando por situaciones similares.
En muchas ocasiones Dios ha contestado a mis oraciones con un versículo bíblico, con un himno o canción religiosa o con un mensaje. ¿Ha tenido usted alguna experiencia similar? Muchas veces cometemos el error de pensar que esa “palabra” es para nosotros y nos olvidamos que también es para otros. Cuando después de un periodo de oración se sienta más fuerte y cerca de Dios, no guarde esta bendición solo para usted, ayude a sus hermanos en la fe que estén necesitando tener una experiencia similar. Pídale a Dios que le muestre a alguien que necesite de su ayuda y dispóngase a ayudar. Desde hace muchos años adopté la costumbre de reflexionar cada día en UN VERSÍCULO de la Biblia. Solo uno. Esto es independiente a los estudios que hago, a los pasajes de la Escritura que tengo que leer a diario como parte de mi trabajo, a los que leo para hacer mis escritos, etcétera. Dios me ha hablado de muchas formas por medio de este versículo SOLITARIO. Hace un tiempo, decidí compartir estos versículos con mis colaboradores y amigos y desde hace unos meses, lo hago cada mañana en FaceBook. No tiene idea de la cantidad de mensajes que recibo de hermanos y hermanas en todo el mundo que han sido ministrados por ese versículo que también me ministro a mí. Así que no se guarde las bendiciones, compártalas, pues somos parte de una COMUNIDAD de creyentes.

Los que vivimos en los Estados Unidos de Norteamérica, si fuimos perseguidos en nuestros países y discriminados a causa de nuestra fe, en poco tiempo solemos olvidar los malos tiempos y tratamos de borrar los malos recuerdos. Según el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, los cristianos hoy día sufren de discriminación y maltratos en unos sesenta países en el mundo. Sería bueno que recordáramos en oración e intercediéramos por nuestros familiares, amigos, conocidos y hermanos en la fe incluyendo a los desconocidos que sufren discriminación y maltratos por causa de su fe en Jesucristo.

¿Cuántas veces ora por su pastor durante la semana? ¿Y por los líderes de la iglesia? ¿Y por los pastores de otras iglesias? Pero no solamente debemos orar por ellos, también debemos de orar por todos aquellos que están sirviendo al Señor con sus dones y talentos; cantando en el coro, enseñando en la Escuela Dominical, liderando un grupo pequeño, visitando a los enfermos, ministrando a los necesitados, y en todas y cada una de las tareas que el ministerio cristiano tiene.
Déjeme poner tres ejemplos bíblicos para que usted trate de identificar a favor de quién oraron estos personajes:

El Hombre de Dios en 1 Reyes 13:6
Samuel en 1 Samuel 7:5-6
Moisés en Números 12:10-13

Pienso que la norma debe ser orar por otros, según oramos por nuestras propias necesidades. Piense que si sus oraciones se limitan a las cuentas que usted tiene que pagar, los problemas de sus hijos en la escuela, sus problemas de trabajo y alguna que otra necesidad, tal vez sus oraciones sean demasiado “insignificantes”. ¿Por qué? Porque cada semana adoramos rodeados de cientos de hermanos en el culto de adoración, nos relacionamos con decenas en nuestra clase de la Escuela Dominical. Conocemos a muchos de ellos por nombres, debemos de orar por ellos, porque ellos necesitan nuestras oraciones.

Quisiera que la semana que viene volviéramos sobre la primera palabra, PADRE, para ver algunos otros aspectos que no he mencionado…
<em>
Señor, enséñanos a orar…</em>

Padre nuestro…

La prensa esta semana ha traído noticias de la masacre cometida en Nigeria por musulmanes contra cristianos en represalia por la matanza de unos trescientos musulmanes muertos a manos de cristianos hace unos meses. Nigeria está dividida por el odio y el crimen entre los musulmanes y los cristianos. ¿Dije “cristianos”? Yo no me considero con autoridad, ni conocimientos suficientes para ponerme a opinar acerca de este delicado asunto, sin embargo no encuentro en la Biblia un solo pasaje que justifique semejante acción. Las órdenes dadas al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, tenían un fin muy especial: Preservar al pueblo de Dios para que de allí pudiera nacer el Mesías que vendría a redimir el mundo. Este no es el caso de la iglesia en el Nuevo Testamento. Desafortunadamente, las cruzadas, la inquisición y otros muchos males, que no tienen fundamentos bíblicos, han dado lugar a este tipo de acciones.

La fe cristiana ha sido influida por el mundo, en lugar de ella influir en el mundo. El desconocimiento y la superficialidad se han adueñado de los que dicen profesar nuestra fe, añadiendo también una buena dosis de de intolerancia. Los problemas y las pasiones del mundo se han apoderado de nosotros. Estos ingredientes, por separado, pueden pasar inadvertidos, pero cuando usted los combina, el “coctel” resultante es explosivo y venenoso. Y todavía nos preguntamos, ¿por qué Dios no oye nuestras oraciones?

¿Ha sido malentendido alguna vez? ¡Yo sí! Y por cierto, más de una vez. La última ocasión en la que me ocurrió esto fue hace poco. Se trata de una persona que al parecer ha abrazado el cristianismo. Hizo profesión pública de fe y se bautizó en una iglesia cristiana. Su vida no muestra muchas señales de un nuevo nacimiento, pero eso es un asunto muy difícil de dilucidar. El problema es que esta persona, al parecer, sigue confiando en las imágenes y haciéndole promesas a la “la virgen”. Se me presentó la oportunidad de hablar con esta persona y le di una cita para conversar con ella. Esa semana me dediqué a orar pidiendo sabiduría para abordar tan delicado tema y durante la semana, me vi muchas veces, en mi oficina, practicando lo que le diría y cómo se lo diría para que la persona no se fuera a ofender, entendiera el mensaje que yo le daría y a la vez, para no callar nada de lo que yo debía decir. Pensé muchas veces en la manera de explicarle a esta persona que no se puede adorar a Dios y a los santos a la vez y cómo podía hacerle entender que mientras que no hiciera una decisión firme y definitiva por Cristo, este no era, en realidad, su Señor ni su Salvador. Llegó el esperado día de la cita, fui lo más dulce que puedo ser y lo más claro que jamás he sido con alguien. Pensando en la responsabilidad que yo tenía si esta persona muriera esta noche y no tuviera otra oportunidad de que otra persona le pudiera presentara el evangelio nuevamente. ¿El resultado? Sí, adivinó, ¡la persona no entendió y toda la familia se siente ofendida conmigo!

¿Qué falló? No lo sé. ¿Era buena mi intención? Claro que sí. ¿Por qué Dios no me respondió como yo esperaba? ¿Es que acaso Dios está esperando que esta persona haga una decisión y se acabe de decidir? La moraleja de esta historia es que la voluntad y los designios de Dios va mucho más allá de nuestra comprensión y entendimiento.

Leamos Mateo 6:9: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos”…

La manera en la cual nos acercamos a una persona, es de suma importancia. Observe cómo Jesús inicia la oración: “Padre nuestro que estás en los cielos”. El Maestro pudo haberles dicho a sus discípulos que LE ORARAN A Él, o que le oraran al Espíritu Santo, ¿no cree? ¿Y qué de pedirle a la “virgencita” o a los “santos”? ¿No cree que a lo mejor una buena “brujería” pudiera ser una “ayudita”? Por ilógica e irracional que esto parezca, es lo que algunos están haciendo. El Hijo de Dios, en su única enseñanza a sus discípulos acerca de la forma en la que debían orar les dice que ¡DIRIJAN SUS ORACIONES AL PADRE, a nadie más!

Tengo un buen amigo que tenía en su oficina una foto que se tomó con el presidente George W. Bush. Cualquiera que vea esta foto, puede pensar que George W. Bush es su amigo personal. Sin embargo, mi amigo no lo conoce, lo que sucedió fue que él estaba en el lugar adecuado en el momento preciso y el Presidente, fue muy gentil al permitirle tomarse una foto con él. Yo tengo, como uno de mis más preciados galardones, un diploma llamado el Certificado de los Presidentes, firmado por el Presidente en funciones en aquel momento George Bush (padre) y por cuatro ex- Presidentes de los Estados Unidos. Yo no tuve el honor de conocer al Presidente Bush, ni a ninguno de los cuatro ex-presidentes que firmaron mi certificado, pero mi labor como capellán voluntario en cuatro centros penitenciarios del estado de New Mexico fue reconocido con este Diploma, en un acto celebrado en honor de todos los capellanes voluntarios del Estado por el Gobernador.

A lo mejor usted tiene una foto con algún cantante o artista famoso. Yo me siento orgulloso de tener un familiar que es una escritora de fama nacional y que ha sido reconocida por el New York Times y por Hispanic Business, entre otros muchos reconocimientos y galardones que ha recibido, fue nombrada una de las Cien Hispanas más influyentes en los Estados Unidos, y yo me siento muy orgullosos de ser su “pariente”. Tal vez los seres humanos somos dados a pensar que nuestra cercanía o relación con una persona importante, nos confiere importancia a nosotros.

¿Se ha puesto a pensar alguna vez, que gracias a Jesucristo podemos pasar TODO el tiempo que queramos en la PRESENCIA del CREADOR del universo? Voy a separar las dos primeras palabras de la oración modelo para ver en detalles su importancia para nosotros, pero primero quiero que las veamos unidas para que podamos experimentar toda la grandeza que encierran: PADRE NUESTRO…

La oración no es más que el privilegio que tenemos como hijos, de comunicarnos con nuestro Padre. Pero observe que este no es un ¡DERECHO HUMANO! No es algo que podamos negociar o exigir. No es tampoco algo que podamos comprar o merecer, basados en acciones que podamos hacer. ¡La oración es un PRIVILEGIO que solo es posible acceder por medio de la obra redentora de Jesucristo! No se llame a engaños, si Jesucristo no ha redimido su vida, si Él no es su Único Señor y Salvador, ¡usted NO PUEDE LLEGAR hasta el trono de Dios! Nuestros pecados NOS separan del PADRE, y solo por la obra redentora del Hijo, es que podemos llegar hasta Él. Leamos Hebreos 10:19-20: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne… [Si no está familiarizado con el lugar Santísimo y el velo, busque en los archivos de este blog la serie de estudios bíblicos que hice sobre el Tabernáculo, en los cuales analizo, en detalles, este aspecto]. De forma muy sintética le puedo recordar algunos detalles: Después que el pueblo de Israel salió de su esclavitud en Egipto y cuando apenas comenzaba su peregrinar por el desierto, Dios le ordenó a Moisés construir un Tabernáculo con dimensiones, materiales y formas muy precisas. Uno de los objetos mandados a construir fue el Arca del Pacto, dentro de la cual había algunos objetos como un recordatorio permanente al pueblo de lo que Dios había hecho por ellos. Esta Arca se colocó en el Lugar Santísimo y fue protegida con una gruesa cortina o velo hecho con materiales, ornamentos y colores especiales. Luego Dios vino a “morar” con su pueblo y la “gloria de JVHV” (SEÑOR traducido también Jehová o Jehovah) vino sobre el Arca en forma de columna de nubes de día y de una columna de fuego de noche que guiaba al pueblo de Dios. Solo el Sumo Sacerdote podía, una vez al año, entrar al lugar Santísimo para orar a favor del pueblo en la presencia de Dios. [Vea el libro de Éxodo capítulos 25 al 40 y Hebreos capítulos 9 al 13]. Ese fue el velo o cortina que se rasgó a la mitad cuando Jesús expiró en el Calvario. Así, por medio de la muerte expiatoria de Jesucristo tenemos acceso al Lugar Santísimo y a la presencia de Dios. Nuestro Padre Celestial no admite el pecado en su presencia, de manera que nosotros, siendo pecadores, solo podemos llegar ante Él, mediante el sacrificio de Cristo. Entendiendo así que la oración es un PRIVILEGIO exclusivo de los redimidos.

Tal vez se pregunte, si esto es así, ¿cómo puede un pecador orar para obtener el perdón? Dios conoce nuestros corazones y pensamientos. Cuando una persona reconoce sus pecados y se arrepiente de ellos, esa convicción le coloca en una posición de humildad y entrega total; entonces se puede clamar por perdón y la Gracia de Dios, por medio de la sangre de Jesucristo, nos limpia de todo pecado. Ahora bien, perdónenme si les ofendo con lo que voy a decirles ahora. No se llame a engaños, REPETIR lo que alguien dice en una oración o leer una oración hecha por otra persona es SIMPLEMENTE VANA PALABRERÍA, y nadie puede ser salvo por hacer eso.

¿Se da cuenta de que no podemos entrar a la presencia de Dios sin tener presente que SOLO podemos entrar gracias al sacrificio que hizo Jesús al morir en la cruz por nosotros, por vencer la muerte resucitando de los muertos dejando la tumba vacía, y por haber ascendido hasta el cielo para estar a la diestra del Padre? Esta es la razón (EL MOTIVO) por la cual, al terminar de orar decimos: “En el nombre de Cristo”. ¡Estas palabras tienen un gran significado! Pero tenga mucho cuidado, esto no es como el sello de correo que le ponemos a una carta que nos garantiza que la misma va a llegar al lugar que hemos indicado en la dirección. El “franqueo” de nuestra oración fue pagado a un precio sumamente alto. Quiero que ponga mucha atención a esto que le voy a decir ahora: Nosotros no debemos decir, en el nombre de Cristo, solo al final de nuestra oración, sino DESDE EL PRINCIPIO. Debemos orar EN SU NOMBRE, con la actitud de nuestros corazones. Nuestros corazones deben estar en plena armonía con nuestro Señor y Salvador.

Es necesario que entendamos que Jesucristo no es el PORTERO de la “puerta” de las oraciones. Él no está vigilando para ver quién intenta acercarse al Padre. La Biblia nos enseña algo muy diferente, dice en Hebreos 7:25: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. Y el Espíritu Santo, el tercer miembro de la Trinidad (Dios en tres personas, cada una con distintas funciones, pero siendo UNO en el Padre) nos acompaña cuando entramos a la presencia del Padre, veamos lo que dice Romanos 8:26: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

Para mí resulta evidente que la oración no es algo que los seres humanos sabemos hacer por naturaleza. Esta fue la razón por la cual los discípulos le pidieron al Maestro que los enseñara a orar, y el motivo por el cual Jesús les enseñó a hacerlo. Esta es la misma razón por la cual, todos aquellos que hemos tenido inquietudes acerca de la oración venimos al Maestro por ayuda y dirección. Esta es la razón por la cual; Él nos dio la Oración Modelo, no para que la repitiéramos como “loros”, sino para que siguiéramos ese modelo o patrón. Por esta razón también entró al lugar Santísimo abriendo el velo con su sangre al ser obediente hasta la muerte, y está sentado a la diestra del Padre intercediendo por cada uno de nosotros, los que lo hemos recibido como Señor y Salvador. Esta es también la razón por la cual el Espíritu Santo intercede por nosotros, poniendo en nuestros corazones los motivos por los que debemos orar. Dice el apóstol Pablo en Hebreos 7:25: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él [Jesucristo] se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.

Tal vez nunca haya pensado en esto que le voy a decir y de lo cual estoy plenamente convencido. Cada vez que usted eleva su corazón y su mente y clama: “Padre celestial” o “Padre nuestro” está situándose en la Santa y maravillosa presencia de Dios. Debe recordar entonces, que el privilegio de poder orar a Dios, no es algo que se pueda tomar a la ligera. Esto tuvo un precio muy alto: Le costó TODO a Jesucristo. Él nos ha dado mucho más de lo que alguno de nosotros merece.

¡Señor, enséñanos a orar!

Algo que debemos tener presente

Quisiera comenzar esta semana haciendo una especie de repaso para que meditemos un poco en lo que estudiamos la semana pasada. Si usted no estuvo con nosotros, por favor, cierre esta página y vaya a la de la semana anterior en este mismo sitio.
Marque todas las opciones que usted crea que se apliquen a usted.

CUANDO ME PIDEN QUE ORE EN PÚBLICO YO:
____ Me siento muy a gusto
____ Cambio el vocabulario y/o el tono de la voz
____ Deseo que mis palabras ejerzan influencia en los demás
____ Me siento muy asustado
____ Me preocupa lo que los que me están oyendo puedan pensar de mí
____ Tengo que batallar mucho con lo que voy a decir
____ Oro de la misma manera que cuando estoy solo
  

Por favor vuelva a leer Mateo 6:5

Mientras preparaba este estudio se me ocurrió buscar, para tener una idea, los trabajos o libros publicados sobre la oración, y encontré esta interesantísima información: En Google hay 8, 620, 000 artículos en español que tratan sobre la oración y 91, 000, 000 artículos sobre el mismo tema en inglés.  Yahoo por su parte tiene 28, 600, 000 artículos sobre la oración en español y  286, 000, 000 en inglés.  La cantidad de libros escritos es también impresionante. Sin embargo, fíjese que la Oración Modelo de Jesús tiene apenas 75 palabras en la versión Reina-Valera 1960. Pero tal vez estas sean las 75 palabras de la Biblia que más mal se han usado e interpretado en toda la historia del cristianismo.
 
He escuchado en un acto público usar esta oración y pedirles a todos los asistentes, cristianos y no cristianos que la repitan. La he visto colocada en la cabina de un chofer de taxi en Hong Kong y en la gorra de un taxista en Los Ángeles en California.  La he visto en un ascensor de un hotel en Seúl, en Corea del Sur y en un tranvía en Melbourne en Australia. Se la he visto en la billetera a un amigo que es miembro de una iglesia evangélica y a un santero vestido de blanco y lleno de collares con cuentas de colores. Una persona me dijo hace poco que si no repite esta “oración” cuando se acostaba, no podía dormir. He visto varias películas en las que ante diferentes situaciones, la gente repite esta “oración”.
Recordando de nuevo algo de lo que vimos la semana pasada, fíjese que esto que Jesús les dio a sus discípulos para que les sirviera como una guía, se ha venido a usar en los tres sentidos en los que veíamos que la oración podía ser mal usada y que por lo tanto no recibía respuesta de Dios:

• Usada en público  <strong>(La oración FALSA)</strong>
• Repetida sin pensar en lo que se dice <strong>(VANAS REPETICIONES)</strong>
• Y muchas veces no se usa nunca <strong>(UNA OBLIGACIÓN)</strong>

De manera que la llamada Oración Modelo es susceptible de que se cometan con ella, los tres errores que señalamos la semana pasada.
 
 La Oración Modelo, mal llamada el Padre Nuestro, no es algo para aprender de memoria, para repetir antes de la comida o al ir a la cama, ni tampoco  es para repetir muchas veces para expiar los  pecados cometidos. Recuerde que dijimos que <strong>LA ORACIÓN ES UN HERMOSO PRIVILEGIO QUE NOS PERMITE CONVERSAR CON EL PADRE. </strong>
Leamos Mateo 6:9-13

<em>9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.</em> (Reina-Valera 1960, Biblia Ilumina en Español, Caribe-Betania Editores, Usada con Permiso.)

Observe que hay una progresión en esta oración. Comienza con una alabanza, sigue una promesa y va a hacer peticiones y reconocer la autoridad divina del Padre. Es una enciclopedia de oración en setenta y cinco palabras. Note algo más que considero que tiene una importancia vital: ¡Esta oración es de la manera que Jesús quiere que sean nuestras oraciones! Es una comunicación consciente con el Padre en la cual abrimos nuestros corazones y le invitamos a Él a tomar el control de nuestras vidas y a realizar sus propósitos en nuestras vidas y por medio de nosotros, a la vez que nosotros nos comprometemos al avance de su Reino.

He hablado con muchas personas acerca de la oración. Tal vez esta sea una de las doctrinas que menos entienden muchos creyentes, pero sin duda, ¡la que menos creyentes reconocen que no entienden! Déjeme pedirle que busque Juan 15:5. Observe la alegoría usada por el Maestro en un país en el que las uvas son una de las bendiciones de la tierra. ¿Qué dice Jesús que es? ¿Quién dice que somos nosotros? ¿Qué sucede cuando estamos unidos a Él? ¿Qué dice que podemos hacer por nosotros mismos? ¿Se da cuenta? Por nosotros mismos lo único que podemos hacer es ¡NADA!
Entonces, la efectividad de nuestras oraciones ¡NO DEPENDE DE NOSOTROS! Déjeme aclarar lo que quiero decir. Si analiza detalladamente el plan general de Dios para la humanidad, queda claro que el asunto no depende de nosotros sino de Él. Es Dios el que nos salva POR SU GRACIA, NO POR NUESTRAS OBRAS, es decir, no por algo que podamos hacer. ¿De acuerdo? Entonces ¿qué nos hace pensar que la efectividad de nuestras oraciones depende de la cantidad de fe que tengamos? ¿No le parece que es como si fuera necesario que nosotros HICIÉRAMOS ALGO para complementar la gracia de Dios? La efectividad de nuestras oraciones DEPENDE DE DIOS, que es quien nos da la fe para que DEPENDAMOS POR ENTERO de Él. Esta es la fe que nos ayuda a entender la promesa y la advertencia de Jesús en Juan 15:5: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”…

Pienso que Jesús enseñó a orar a sus discípulos para que ellos pudieran enseñar a orar a otros. Lo mismo debemos hacer nosotros. Debemos aprender, para enseñar a otros. ¿Se imagina el poder que pudiera tener el Pueblo de Dios orando de la manera adecuada?

Tengo un amigo editor que es piloto y construyó un pequeño avión en el garaje de su casa. El aparato fue inspeccionado por las autoridades aeronáuticas y le concedieron el permiso de vuelo. No obstante, cuando el avión tiene ciertas horas de vuelo, debe ser sometido a una rigurosa inspección. Este amigo es una persona muy intranquila y siempre anda a la carrera. Sin embargo, da gusto verlo inspeccionar el avión antes de salir de vuelo. Es un aparato pequeño que él construyó con sus manos. Casi recuerda cada tornillo y cada remache que puso, pero sigue meticulosamente un protocolo de inspección del avión. De la misma manera, cuando se sienta en el puesto del piloto, y antes de arrancar el motor de la nave, cheque meticulosamente cada uno de los controles y manómetros. Un día le dije: “¿Dale y tú siempre haces este tipo de chequeo? A lo que me respondió: “más me vale que lo haga”. Así que a pesar de su experiencia como piloto y de conocer el avión pulgada a pulgada, el sigue un protocolo con instrucciones para no cometer algún fallo que pudiera ser fatal.

Observe que Jesús también nos ha dado un protocolo de oración. No importa cuántas horas de práctica de oración usted tenga, esto no es suficiente para olvidar sus instrucciones. Así que amárrese su cinturón y prepárese que juntos vamos a despegar en este emocionante viaje que nos llevará a aprender a orar. ¡Allá vamos!

Hace unos años,  tenía que viajar constantemente por razones de trabajo. Viajaba tanto, que algunos días cuando despertaba, me tomaba un tiempo darme cuenta de dónde me encontraba. Tenía estatus de oro y platino en casi todas las mayores líneas aéreas de los Estados Unidos, lo cual me daba acceso a entrar al avión junto con los pasajeros de primera clase. No obstante, por mi naturaleza intranquila, siempre tenía el temor de llegar tarde. En más de una oportunidad me encontré en la línea para abordar el avión sin que se hiciera el anuncio tan esperado de que se comenzaría a abordar la aeronave. No sé si se ha dado cuenta de que para que se forme una fila en un aeropuerto, solo hace falta que un desesperado como yo y alguien más se pongan en línea.  En esas ocasiones, terribles para mí por la incertidumbre de no saber lo que pasaba,  en más de una ocasión me dirigí al empleado de la aerolínea para preguntarle qué pasaba. En el 150% de los casos, descubrí que estos empleados sabían tan poco como yo. ¡Pero eso no era suficiente para calmar mi ansiedad! De todas formas, saber lo que pasaba no iba a cambiar en lo más mínimo la situación, pero en aquellos momentos, en verdad yo no pensaba de esa manera.  Analizando las cosas fríamente, aquella actitud mía, estaba centrada en mí y no en Dios. Poco a poco Dios fue obrando en mí, mostrándome que en realidad era que yo no CONFIABA plenamente en SUS PLANES para mi vida. En realidad, Dios en su omnisciencia sabía que el avión iba a estar retrasado, o por algún motivo especial, deseaba que yo me retrasara.
 
Poco a poco fui comprendiendo que Dios podía tener actividades que quería que yo realizara bajo determinadas circunstancias. Recuerdo dos o tres historias muy especiales. En una ocasión viajaba de regreso desde California y debía hacer una conexión en el aeropuerto de Denver en Colorado. Nuestro vuelo se retrasó a causa de un mal tiempo y al llegar, ya nuestro vuelo se había ido. De manera que fuimos reagrupados en otros vuelos de acuerdo a nuestros destinos. Yo tuve que volar a Houston para de allí tomar otro avión  hasta Tennessee.  Al llegar a Houston, encontré que todos los vuelos estaban retrasados por el mal tiempo. Para ese entonces, ya yo no cabía en la ropa. No podía ni siquiera usar mi computadora portátil pues ya la batería se había agotado. Estaba cerca de comenzar a dar gritos. Cuando al fin abordamos el avión, con el propósito de calmarme y no perder los estribos, comencé a leer un Nuevo Testamento de bolsillo que siempre llevo conmigo cuando viajo. No habían pasado diez minutos cuando una jovencita, que estaba sentada a mi lado, rompió a llorar y entre sollozos me preguntó si yo era cristiano. Lo primero que vino a mi mente fue una pregunta: ¿Señor, qué hice? La joven me dijo que ella había estado suplicando que alguien le explicara cómo se podía ser cristiana pues pensaba que esa era la única manera en la que podría enfrentar las cosas que le estaban sucedido.

Ni tardo ni perezoso, usando mi Nuevo Testamento, comencé a presentarle el Plan de la Salvación,  y casi antes de terminar de hacerlo,  ella me dijo: “Yo le quiero entregar lo que queda de mi vida a Cristo”. Oramos, y el resto del viaje lo empleé en contestar las preguntas de la joven que quería aprender el evangelio de un tirón. Al llegar a Nashville le regalé mi Nuevo Testamento pues ella seguía en el avión para Chicago. Nunca más he sabido de ella, pero estoy seguro que algún día en el cielo, nos encontraremos. Esa noche, a pesar del cansancio y a pesar de que soy de los que se pueden dormir hasta de pié, no pude dormir. Me horrorizaba al pensar cómo Dios había arreglado las cosas para que aquella jovencita pudiera escuchar el mensaje de la salvación aquel día. Cómo Dios en su infinito amor y gracia, me había seleccionado a mí para ser su <strong>EMBAJADOR</strong>, y cómo yo en mi estupidez y arrogancia, casi lo hecho todo a perder por mi apuro.
 
¿Qué tiene esto que ver con la enseñanza de Jesús sobre la oración?  Pues mucho, esta y otras muchas experiencias, me han llevado a comprender que cuando el Señor en su oración dijo: “venga tu Reino” en cierta forma estaba dando a entender que si queremos ser efectivos en la oración, tenemos que estar dispuestos a ser elementos dóciles en las manos de Dios para que su Reino crezca y se consolide en la tierra. Observe que lo primero que hace Jesús es un reconocimiento y seguidamente eleva una alabanza:   “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”.  Cuando seamos capaces de darnos cuenta de que Dios se preocupa por nosotros y que nada se escapa a su control, aun los vuelos retrasados y las conexiones perdidas, entonces seremos capaces de poder decir: Señor ayúdame a ver la actividad de tu Reino en medio de estos pasajeros enloquecidos que no saben cuándo van a poder salir de este insoportable aeropuerto.  Entonces podremos decir: <em>Señor</em>, cualquier cosa que Tú deseas que haga, yo estoy listo para hacerla…

¡Señor, enséñanos a orar!

Cuando la oración sale mal…

¿Puede haber un error en la respuesta que recibimos a nuestras oraciones? Es decir, que oramos por una cosa y recibimos otra. La semana pasada mencioné algunos ejemplos de lo que “pudiéramos nosotros” considerar respuestas equivocadas a nuestras oraciones, que en verdad no lo son. Sin embargo, es posible que nuestras oraciones no lleguen ante el trono de Dios. Tal vez, si acaso, se queden enredadas en el techo de nuestra habitación.
Me parece encontrar tres aspectos que con mucha frecuencia introducimos en lo que voy a llamar “nuestra vida de oración”. Estos aspectos son cosas erróneas que hacemos y lo único que nos garantizan es que nos sintamos vacíos, decepcionados, deprimidos y espiritualmente desconectados de Dios. Es ese sentimiento que se puede experimentar al terminar de orar que llega a ir más allá de la duda en que vamos a recibir lo que hemos “pedido”.  Estos tres aspectos, al parecer son “aspectos universales” que se aplican a todas las sociedades y culturas y además son atemporales. Hoy son tan importantes como lo fueron en los días en los que Jesús estaba en la tierra con sus discípulos, entonces se practicaban de la misma manera en la que se practican hoy.
Al primer aspecto lo voy  a llamar “UNA OBLIGACIÓN”.
Mateo 6:5ª dice: “Y cuando ores”. El primer problema por el cual la gente no se puede conectar con Dios en oración me parece obvio. Se hace difícil reconocerlo y más aun decirlo.  Pero en realidad, es un hecho muy nocivo, contagioso y que se ha expandido por todas partes. Podemos preguntarle a cualquier creyente, de cualquier edad, en cualquier país, si alguna vez en su vida se ha sentido culpable de padecer este problema, y si es sincero, tendrá que confesar que sí.
Ponga mucha atención a lo que voy a decir: El problema más grande de nuestra vida de oración, es que NO ORAMOS. Y eso, créame, es un GRAN problema.
Observe que Jesús dijo: Y cuando ORES…, lo que sin lugar a dudas implica que los seguidores de Jesús tenemos que emplear tiempo y energías en orar. La expresión “Y cuando ores” implica una OBLIGACIÓN  de nuestra parte, algo que tenemos necesariamente que hacer, algo que no es opcional o que se hace de acuerdo a nuestras posibilidades y tiempo sobrante. Esta oración gramatical tiene una fuerza mayor que si Jesús hubiera dicho: “Si tu oras”;  o “Cuando sientas deseos de orar;” o “Si te acuerdas de orar”… Sin embargo, este principio que es tan elemental, es ignorado por una gran mayoría que simplemente no lo hace, la mayoría de la gente NO ORA.
El grupo de investigaciones de George Barna en California, hizo una encuesta nacional en los Estados Unidos de Norteamérica, entre los miembros de cuatro denominaciones evangélicas. Ellos encontraron que el 25% de los encuestados reconoció que ellos NUNCA oraban. Wow, (guao) ¡NUNCA! Ese es un gran número. Si a esto le sumamos aquellos que no se sienten con valor suficiente para confesar que su vida de oración es muy esporádica, no hay que ser muy inteligente para llegar a la conclusión de que la primera razón por la que tanta gente no ve sus oraciones contestadas es PORQUE NO ORAN.
Déjeme usar una analogía y hacer algunas comparaciones. Como seguramente conoce yo soy editor. El mayor problema que tengo con algunas personas que se consideran escritores, es que nunca escriben, y aunque tengan el talento, no tienen la práctica, de manera que cuando tienen que escribir algo que se les asigna, simplemente no pueden, no les sale. ¡La práctica hace que la ejecución sea un placer y no una tortura o una obligación! Piense en un equipo de béisbol que no practique, en un cantante que no se estudie la letra de las canciones y ensaye la melodía, en una orquesta que no afine sus instrumentos, en un pianista que no se estudie la partitura, la estudie y la ensaye, en un campesino que no siembre o no le dé de comer a los animales,  en un pintor que no compre pintura. Es muy simple: ¡El no hacer una cosa, es la mejor manera de no poder hacerla!
Pero tal vez usted esté pensando, pero la oración es diferente. Nosotros estamos muy ocupados y la vida  moderna es muy agitada. Nos levantamos corriendo para llevar los niños a la escuela y correr a la oficina, salimos de la oficina corriendo para buscar a los niños a la escuela y llevarlos a las clases de natación, o esgrima, o defensa personal, o ballet o música. Salimos corriendo para pasar por el supermercado y comprar algo para la cena, llegamos a la casa y hay que sacar el perro a pasear y darle comida, hay que preparar el baño para los niños y preparar la cena, atender al conyugue cuando llega de mal talante por el ajetreo del día, cenar y prepara a los niños para que hagan los deberes (tareas) de la escuela, servir la cena, lavar los cacharros, pagar las cuentas que llegaron, preparar la ropa para el próximo día y estas cosas “hay que hacerlas, orando o sin orar”, ¿No? Hay muchos casos en los que todas estas obligaciones se comparten entre la pareja, y hay otras muchas en las que uno de los cónyuges tiene que trabajar en dos lugares para poder pagar las cuentas, limitando aun más el tiempo disponible. Pero a pesar de eso, esperamos que la oración sea EFICAZ, y esperamos que Dios nos responda de inmediato cuando un niño se enferma o se rompe el carro. Es en los momentos de crisis que nos acordamos de orar, aunque hayamos estando ignorando a Dios durante meses, y muchas veces es una oración muy rápida, al mismo ritmo de la vida que llevamos.
La falta de oración no tiene sentido y es una tontería, pero la mayoría de nosotros somos culpables de alguna vez haber dejado de orar cayendo en la práctica de esa tontería,  y cuando las cosas salen mal, entonces culpamos a Dios de no responder las oraciones, que en verdad no hemos hecho.
A veces tengo la impresión de que alguna gente, hasta cuando está enfrentando problemas, confía en que otros oren por ellos y no oran ellos mismos. Déjeme darle cuatro pasajes de las Escrituras que considero que son La Regla de Oro de la oración: 1 Tesalonicenses 5:16-17; Lucas 6:12; Hechos 1:14 y Romanos 1:9-10. Tome un momento, lea estos pasajes y ore pidiéndole a Dios que le revele en qué ha estado usted fallando en su vida de oración.
Al segundo aspecto lo voy a llamar: “La oración FALSA”.
Lea Mateo 6:5
Hace unos años fui con un colega a la reunión de la Convención bautista del estado de Arkansas. Llegamos un poco tarde por lo que decidimos esperar a un receso para entrar al salón en el que se estaba celebrando la reunión, pero nos quedamos en un pasillo cerca de la puerta de entrada, desde donde podíamos escuchar lo que estaba sucediendo dentro. Pasado un rato, me sorprendió la elocuencia del orador, el timbre exaltado de su voz, su discurso retumbaba como trueno en cañada seca, y me sorprendió el silencio que generaba y envolvía al auditorio. Le pregunté a mi amigo quién era el orador y lanzando una carcajada me dijo: “No está predicando,  es el hermano “fulano” que está orando”… No pude evitar que de inmediato un pensamiento viniera a mi mente: ¿Y a quién está tratando de impresionar este buen hombre?
Aquel incidente, me llevó a considerar muy seriamente mis oraciones en público. Tal vez los pastores y líderes eclesiásticos,  somos los peores en este sentido, al abusar de las oraciones en público y usarlas para lograr nuestros propósitos, bien sea resaltar los puntos o enseñanzas principales del mensaje que acabamos de predicar, comunicar las actividades que vamos a celebrar o lanzar un anuncio sutil de alguna nueva idea que deseamos presentarle luego a la iglesia.
Para mí, este es uno de los mayores problemas que tiene la oración pública, ya que la inmensa mayoría de la gente se preocupa más por lo que va a decir y cómo lo va a decir, que por estar comunicándose con el Padre. Piense para sus adentros cuántas de las veces que ha tenido que orar en público se ha preocupado mucho porque sea una oración que suene bonita. La forma en la que agrupamos las palabras y las palabras que usamos, vienen a ser más importantes que comunicarnos con el Padre. Por favor, lea nuevamente Mateo 6:5, este versículo me martilla cada vez que tengo que orar en público.
En el tiempo del ministerio terrenal de Jesús las cosas eran iguales a lo que son hoy día en muchos aspectos. Ser invitado para tener una oración en la sinagoga en la Palestina del primer siglo, era algo que daba mucha distinción. Al parecer existía la costumbre de que alguna gente hiciera la oración de la tarde en lugares públicos en los que podían ser vistos cuando oraban. Es evidente que el propósito principal de estas oraciones no era el de comunicarse con Dios, sino el de ser vistos, oídos, admirados y apreciados por los demás. Esta gente se deleitaba con el sonido de sus voces. Analice un momento y piense si alguna vez le ha ocurrido a usted lo mismo. Yo me he dado cuenta que muchas veces había orado preocupándome más por lo que yo pudiera decir que por estar en la presencia de Dios. Déjeme ir más lejos, en mis años de estudio en el Seminario, hubo muchas cosas que los estudiantes tratamos, a veces sin darnos cuenta, tratamos de imitar. Una de ellas era la manera en la cual algunos profesores oraban. ¡Sonaban tan bien! No creo que alguno de nosotros se planteó alguna vez que aquellas oraciones estaban mas dirigidas a nosotros que a Dios. Y lo peor es que muchos, luego hicimos lo mismo cuando pastoreábamos congregaciones.
Jesús conocía esta situación y se encargó de dejar muy claro lo que sucedía con los que oraban de esta manera, Él dijo: “…de cierto os digo, que ya tienen su salario”. Es decir, ya han recibido el reconocimiento de la gente, por lo que  eso es lo que recibirán con sus oraciones. Déjeme darle mi versión parafraseada de este aspecto. Si a usted le gusta orar en público o con otras gentes hay tres recompensa que pudiera recibir…
Si le gusta ser reconocido, bien, agarre el reconocimiento…
Si le gusta sentir la aprobación de los demás, magnifico, disfrútela…
Si le gusta que le digan que usted es estupendo, pues déjeme decirle que usted es estupendo…
No quiero en manera alguna sonar sínico, solo deseo que piense que eso fue lo que Jesús dijo.
Lea los siguientes pasajes: Mateo 1:35; Marcos 6:46-47; Lucas 5:15-16 y Lucas 9:18.
Recuerde que la recompensa para aquellos que prefieren orar en privado es diferente. En el caso de los “hipócritas” la recompensa, en última instancia, viene de ellos mismos. Este es el tipo de recompensa que vale por un minuto pero es incapaz de satisfacer las crecientes demandas del orgullo. Pero para los humildes y puros de corazón, la recompensa por sus oraciones viene de Dios que ve lo que hacemos en secreto.  La mayor recompensa es poder estar en la gloriosa presencia de nuestro Dios.
No me malentienda. No estoy diciendo que no podamos orar en público. El mismo Jesús lo hizo muchas veces, la hizo cuando bendijo los panes y los peses para alimentar a la multitud. En el libro de Hechos encontramos en muchas ocasiones a la iglesia orando en público. El asunto no es orar en público, el problema es “orar para impresionar”. Tanto cuando oremos en privado como cuando lo hagamos en público nuestro principal objetivo tiene que ser comunicarnos con el Padre para recibir la recompensa de su presencia.
Una vez más piense, ¿no recuerda haber orado recordándole a Dios los acontecimientos que acaban de publicar las noticias internacionales? En verdad ¿cree que Dios necesita que usted le informe de lo que pasa en el mundo? ¿No será que usted está tratando de impresionar a los que tiene a su lado para que sepan que usted está al día? ¿Recuerda haberle dicho a Dios todo lo mucho que quiere a alguien que está cerca de usted cuando está orando? ¿Cree sinceramente que Dios necesita que usted se lo diga en público? Recuerde que Dios conoce nuestros corazones. ¿Alguna vez le contó a Dios en una oración pública todos los trabajos que pasó para resolver algún asunto? ¿De verdad piensa que Dios no lo sabe? ¿No será que usted desea que los demás se enteren de su heroicidad? No olvide, los que así oran, ya tiene su pago… Y lo reciben aquí en la tierra, y por cierto es muy efímero.

Al tercer aspecto lo voy a llamar las oraciones con VANAS REPETICIONES.
Lea Mateo 6:7
Recuerde que hace tres semanas, cuando comencé esta serie de estudios bíblicos, pedí disculpas y les dije que mi intención no es ofender a alguien, pero que considero mi deber expresar lo que pienso,  basado en mis estudios de la Biblia, de manera que sigamos adelante.
En el primer siglo, tanto los griegos como los romanos tenían un sistema de oraciones a sus dioses en los que se mezclaban la “forma” y la magia. Ellos creían que cada uno de los muchos dioses que tenían controlaba algún aspecto de la naturaleza, pero no tenían control sobre su propio temperamento. Bajo estas creencias, las oraciones eran una especie de “bálsamo” para calmar la ira y el furor de los dioses y pedir su favor. 
Los adoradores paganos acostumbraban a repetir sus oraciones una y otra vez, para llamar la atención de los dioses y para recordarles, en caso de que hubieran olvidado lo que le habían pedido. Repetían también sus oraciones a fin de que si sus dioses no les habían escuchado la primera vez, tal vez les escucharan en otras oportunidades y por eso insistían. Ellos repetían sus oraciones sin cesar para tratar de convencer a sus dioses de que lo que estaban pidiendo merecía una respuesta positiva a su favor.
Este tipo de oraciones no tiene nada que ver con la perseverancia en la oración a la que Jesús luego se refiere. Los gentiles consideraban que había un cierto poder mágico en la oración en sí. De manera que no era un simple hecho de repeticiones, sino que había una cierta manera y ciertas palabras que debían repetirse de cierta forma para obtener el favor de los dioses.  Ellos consideraban que mientras más veces y más fervientemente repitieran sus oraciones, más oportunidades tenían que fuesen respondidas.
Hoy día hay grupos que practican la misma idea. ¿Recuerda cuando era niño los muñequitos en los cuales se destapaba la acción de un genio dormido con las palabras “abra-kadabra? Eso es lo mismo que hacen los miembros de la llamada Nueva Era con la repetición de ciertas frases, o lo que hacen los musulmanes con la repetición de lo que llaman la “shahāda”.
La palabra usada en griego en este pasaje de la Biblia es battalogeo  que significa usar muchas palabras o hablar en exceso. También significa pronunciar sonidos sin sentido, hablar de manera incoherente. Es el equivalente al concepto que implica la palabra “balbucear”. Son los sonidos incoherentes y sin sentido que emite un niño cuando comienza a hablar. Dios no se agrada con las oraciones repetitivas, Él desea que nosotros derramemos nuestra alma y que clamemos a Él reconociendo nuestra total dependencia.
Esta semana nos hemos extendido más que de costumbre, pero pienso que era necesario y no quiero terminar sin que veamos una historia del Antiguo Testamento que está en  1 Reyes capítulo 18. El año pasado tuve el privilegio de visitar el Monte Carmelo, el mismo lugar en el cual el profeta Elías protagonizó esta historia. Mientras que uno de los miembros de nuestro grupo leía 1 Reyes 18, mi mente volaba al pasado y me situaba con la congregación de los hijos de Israel viendo a los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de la diosa Asera y al profeta Elías edificando sus altares. Las palabras de Elías retumbaban en mis oídos  mientras se leía el versículo 21 y mi corazón se llenaba de tristeza pensando en la gran cantidad de gente que como el pueblo de Israel hoy también guarda silencio ante tan crucial pregunta y prefiere seguir jugando a “complacer”. Como decía alguien una vez “a dios y a la virgen, por si acaso”. Sí,  puse dios con minúscula porque ese que se puede compartir no es nuestro Dios que es CELOSO y EXCLUSIVO.
Elías no pudo resistir la tentación y en 1 Reyes 18:27 se recoge como el profeta se burlaba de los profetas de los dioses paganos. Los versículos 28 y 29 recogen algo que yo he visto en nuestros días. Un domingo en la mañana pude ver en la Plaza Mayor de Ciudad México, frente a la iglesia de la Virgen de Guadalupe a una gran cantidad de personas que se arrastraban por la Plaza, que se flagelaban y sacaban sangre de sus cuerpos. Recordé como en la ciudad de la Habana en Cuba, los creyentes se dirigían al llamado Santuario del Rincón caminando descalzos muchos kilómetros. Estas acciones y TODAS las promesas que vemos que hoy día que la gente hace y trata de pagar, solo persiguen el fin de llamar la atención de sus dioses.  No se llame a engaño, las vírgenes y los santos son “dioses” que pretenden ocupar el lugar del Dios verdadero.
Siga hasta el final del capítulo 18 para que vea el desenlace de la historia. ¿Para qué Dios pondría este tipo de historia en la Biblia? Estoy seguro que Dios nos quiso decir por medio de este episodio que sucedió en el Monte Carmelo que las largas oraciones, las penitencias, las repeticiones, las promesas, el pago de promesas, la velas encendidas, la repetición de oraciones, y la elocuencia al orar, no hacen falta para pedir la ayuda de nuestro Dios.
Dios aprecia la sinceridad de nuestros corazones y las conversaciones íntimas que podamos tener con Él. Nuestro Padre sabe lo que necesitamos, antes de que nosotros incluso nos demos cuenta de nuestra necesidad y no está “probando” nuestra fe contando cuántas palabras usamos, lo elocuente que somos o lo bien informados que estamos.  Recuerde que hay dos recompensas, para nuestras oraciones la que dan los hombres y la que da Dios.
¡LA RECOMPENSA DE DIOS A NUESTRAS ORACIONES ESTÁ RESERVADA PARA AQUELLOS QUE BUSCAN SU CORAZÓN, NO PARA LOS QUE BUSCAN LLAMAR SU ATENCIÓN!

Señor, gracias por tu Palabra, enséñanos a orar…

Dios siempre responde

Jesús era Dios vestido con carne humana por lo que debemos prestar mucha atención a la respuesta que le dio a la petición del discípulo para que le ensenara a orar.  Encuentro que la primera declaración de Nuestro Señor con respecto a la pregunta, contiene la base o el cimiento para una oración eficaz. Hay cuatro aspectos en lo primero que señala el Maestro:

  1. Reconocer al Padre como lo que es, nuestro Padre
  2. Declarar su lugar de habitación
  3. Alabar y bendecir su nombre y
  4. Declarar que ANTE TODO, se haga la voluntad del Padre

¿Cuántas veces ha pensado que Dios no responde sus oraciones? Probablemente nunca se lo haya dicho a alguien, pero es posible que lo haya pensado en más de una ocasión, créame, se lo digo por experiencia.

Hay una vieja historia que cuenta que un campesino compró en Home Depot una sierra de gasolina para cortar un árbol.  Tres días más tarde el buen hombre regresó a la tienda reclamando que le devolvieran su dinero. La sierra estaba casi inservible, había perdido casi toda la pintura y los dientes de la cadena aparecían muy gastados. El empleado forzando una sonrisa llamó al administrador para que le ayudara a resolver el problema. El administrador le preguntó al campesino cuál era el problema, a lo que este contestó que “eso” no servía ya que había pasado tres días y solo había logrado cortar tres ramas del árbol.  Entonces el administrador agarrando el cordel tiró de él fuertemente logrando que la sierra después de toser tres o cuatro veces arrancara. Inmediatamente el campesino lanzó un grito diciendo: ¡Ah, para eso era el cordelito! El buen hombre había tratado de usar la sierra como si fuera un serrucho.

Así que por favor, antes de volver a decir o pensar que la oración no funciona o trabaja con usted, pregúntese como ha estado tratando de orar. Permítame hacerle algunas preguntas:

                ¿Ha estado usted orando cómo enseñó el Maestro?

                ¿Qué espera de la oración?

                ¿Qué tendría que suceder para que usted pensara que sus oraciones son respondidas?

                ¿Considera que las oraciones reciben respuesta?

                ¿Considera que Dios debe hacer lo que usted le pide?

La respuesta para la mayoría de estas preguntas y para otras similares aparece en Mateo capítulo 6 en lo que se conoce comúnmente como el Sermón del Monte. Esta enseñanza aparece en tres capítulos y contiene los fundamentos de lo que significa ser un seguidor del Maestro. Aparece aquí una instrucción sobre la oración que no debemos pasar por alto ni tomar a la ligera. Dice lo que la oración se supone que sea y haga. Leamos lo que dice Mateo 6:6

                “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará…”

Tal vez la queja más frecuente sobre la oración es cuando alguien enferma y oramos a Dios por sanidad para esa persona y no logramos lo que “esperábamos”. Hace poco más de un año un joven de nuestra iglesia que había sufrido una operación de un tumor canceroso en el cerebro hacía dos años,  tuvo un regreso del tumor. Personalmente yo era su compañero de oración. Estábamos celebrando un retiro y se nos informó que él había sido ingresado en el Hospital de Vanderbilt. Los participantes me pidieron que al terminar el retiro fuéramos al hospital a orar por este hermano. Esa fue una linda experiencia pues un buen grupo de hermanos llenamos la habitación y el pasillo del hospital aquel sábado en la tarde. Oramos con fe, impusimos manos al enfermo y nos sorprendió la fe y la confianza del enfermo que tenía una niña pequeña. Los tres o cuatro meses siguientes fueron meses de una actividad de oración intensa por este hermano. Entradas y salidas del hospital, operaciones, visitas al hospital y a la casa, los hermanos ministrando a las necesidades de la familia, atendiendo a las necesidades materiales y espirituales. El hermano a cargo del ministerio hispano velando para que nuestra iglesia pudiera cubrir todas las necesidades. Una familia de la iglesia se hizo cargo de los niños, atendiéndolos como a su propio hijo. No recuerdo haber participado de otra experiencia como aquella en mucho tiempo. Derramamos nuestra alma a Dios en oración por la sanidad del enfermo, pero nuestro hermano murió en menos de cuatro meses.

Habíamos pedido una cosa y ocurrió otra. Algunos hermanos se desalentaron. Otros se preguntaban ¿por qué no funcionó la oración? ¡No me malentienda! ¡Dios respondió a nuestras oraciones! No de la manera que nosotros queríamos, pero Él nos respondió. Yo le puedo garantizar con mi experiencia personal que Dios SIEMPRE responde a nuestras oraciones.

La Palabra de Dios está llena de ejemplos de personas que oraron y Dios les concedió exactamente lo que ellos estaban pidiendo. Pero NO SE VAYA A CONFUNDIR, el principal propósito de la oración no es que se nos conceda lo que pedimos.  La oración no consiste en darle a Dios una lista de “peticiones” como hacen los niños con Papá Noel o Santa Claus. Muchas veces pedimos cosas que luego, con el andar del tiempo, descubrimos que no eran lo mejor para nosotros. Hace algún tiempo llegue a esta conclusión que considero fundamental para entender la importancia de la oración. ¡DIOS NO EXISTE PARA COMPLACER NUESTRAS PETICIONES!

Observe si los cultos de oración que celebra son un cúmulo de peticiones. No digo que no sean válidas, tampoco digo que no haya necesidades y deseos, pero, como el campesino de la sierra, estamos obviando el cable para poner en marcha el motor.

Pero TENGA CUIDADO, la oración tampoco es un medio para ALERTAR a Dios o DARLE A CONOCER nuestras necesidades. DIOS CONOCE NUESTRAS NECESIDADES MUCHO MEJOR QUE NOSOTROS, y por cierto, Él no necesita que le hagamos recordatorios. La oración ¡NO ES UN MEDIO PARA MANIPULAR A DIOS!

El PRINCIPAL propósito de la oración es permitirnos pasar un tiempo conversando con nuestro Padre Celestial.  Cuando este sea nuestro objetivo, podremos orar en todo momento y podemos estar seguros que seremos recompensados. Por eso Pablo nos manda a “orar sin cesar”.

¿Recibiremos entonces lo que estamos pidiendo? ¡Tal vez sí, o quizás no! ¿Recibiremos la recompensa de estar en la presencia del Padre Celestial? ¡De seguro que sí! La conclusión más importante que podemos sacar hoy es esta: LA ORACIÓN NO ES PARA RECIBIR LO QUE DESEAMOS, es para recibir la recompensa de Dios.

Cuando logramos comprender el verdadero propósito de la oración, entonces nuestra perspectiva cambia por completo y en realidad produce una “revolución” en la manera en la que usted se relaciona con Dios. ¿Se ha puesto a pensar alguna vez que cuando usted ora, está hablando con el Creador del universo? Él es quien ha decidido ser nuestro Padre. Él nos ha escogido. Él ha abierto las ventanas de los cielos y nos permite pasar todo el tiempo que deseemos en su maravillosa presencia. Esta es en sí una gran recompensa que usted puede disfrutar cada vez que ore.

La frustración mas grande que he recibido orando por otras personas y con otras personas es que la mayoría de las veces, esta gente no tiene la menor idea de lo que es la oración. Me han pedido que ore por un gato enfermo. He estado orando con una persona, usando mi tiempo para ayudarle en una situación crítica y de pronto esa persona ¡ha suspendido las oraciones para irse de vacaciones! Me han pedido que ore por una persona que enfrentaba un juicio y a la vez esa persona estaba visitando a un “santero” y haciéndole promesas a la virgen. El asunto es SIMPLE, mucha gente NO ENTIENDE lo que es la oración, y los líderes eclesiásticos fallan en enseñar porque a lo mejor, algunos, tampoco saben bien de qué se trata.  

Insisto en el ejemplo de los discípulos de Jesús. Como judíos ellos sabían orar,  pero no habían aprendido a entrar en una relación con el Padre celestial.

Para terminar déjeme contarle otra historia. Cuando yo era niño, cuando me enfermaba y no podía ir a la escuela, mi mamá me dejaba en la cama leyendo los “muñequitos” (comics) y salía a hacer las compras del día, ya que  no teníamos refrigerador y la carne y otros productos había que comprarlos a diario. En esas ocasiones, invariablemente mi mamá siempre me traía alguna chuchería, y claro está que yo escuchaba la puerta abrirse, saltaba de la cama y corría a su encuentro con una pregunta: ¿Qué me trajiste? Así pasó mucho tiempo, hasta que un día, cuando yo ya era un poco mayor, mi mamá me dijo un poco molesta, en lugar de preguntar qué me trajiste, me debías dar un beso y decirme que me extrañaste.

Yo aprendí la lección muy bien, tenía “chinas” o varicelas, de manera que no podía ir a la escuela, así que al día siguiente cuando llegó mi mamá, corrí a recibirla a la puerta, le di un abrazo grande y un beso,  y le dije: “Mamá te quiero mucho y te extrañé mucho, ¿qué me trajiste?

Cuando al fin yo comprendí que la oración me permite entrar a la presencia del Padre Celestial, y me da la posibilidad de expresarle mi amor y de agradecerle sus cuidados y provisión constantes y darle el honor y el respeto que Él merece, descubrí un nuevo sentido y una nueva pasión para orar.  El simple hecho de poder hablar con el Padre, ya es en sí un regalo. De manera que si ponemos las cosas en orden y entendemos que el propósito principal de nuestras oraciones, es comunicarnos con el Padre, en lugar de hacer una lista de peticiones que incluyan hasta al gato de la vecina,  entonces comprenderemos QUE NO HAY ORACIONES SIN RESPUESTA.

Quiero terminar esta semana invitándole a que medite y piense si tal vez usted ha estado usando con Dios la misma táctica que yo usaba cuando era de niño de preguntar: ¿Qué me trajiste?  ¿Cómo se siente  usted cuando sus seres queridos lo tratan como si fuera una máquina de dar dinero (banquero automático o ATM Machine)?

Oremos al Padre y pidámosle QUE NOS ENSEÑE A ORAR…

¡Dios no me oye!

Esta expresión rara vez la escuchamos, pero sin embargo, está con demasiada frecuencia en lo más profundo del subconsciente. En cierta medida, esta es la razón por la cual algunas personas piden que oren por ellas. Pero a la vez, esta es la razón por la cual alguna gente no ora. Cuando los problemas aparecen, cuando la enfermedad se apodera y no hay forma de librarse de ella, cuando todas las cosas comienzan a salir mal, cuando la situación va de mal en peor, cuando somos víctimas de una traición, cuando nos despiden del trabajo, cuando el dinero no alcanza para pagar las cuentas, cuando el ser humano se enfrenta a las cosas que están fuera de su control, entonces por regla general la gente desea algo por sobre todas las cosas. ¡Ellas quieren saber cómo orar!

Tal vez usted diga: Yo sé la manera de hacerlo, pero he tratado muchas veces y simplemente, no funciona. ¿Ha dicho o ha pensado alguna vez en estas palabras?  Este no es el tipo de cosas que solemos decir en voz alta, pero probablemente más de una vez haya tenido esto en su mente. La verdad es que esta es una realidad. Incluso, aquellos de nosotros que no estamos de acuerdo con esta manera de pensar,  tenemos que reconocer con honestidad que esta situación genera algunas preguntas como estas: ¿Qué es la oración? ¿Por qué no siempre obtenemos la respuesta que esperamos? ¿Por qué hay veces que parece que nuestras oraciones se quedan en el techo?

Déjeme comenzar diciéndole que yo he luchado por años por tener una vida de oración poderosa. Pero déjeme confesarle una cosa, y tal vez usted pueda decir lo mismo;  el asunto no ha sido la falta de deseos o la necesidad de orar.  Yo he querido estar cerca de Dios en oración, probablemente más que ninguna otra cosa en mi vida, pero sin embargo, la mayor parte de las veces me ha parecido que me faltaba “algo” que me ayudara a encontrar la manera de cruzar la niebla de las oraciones ineficaces, para tener la certeza de que me estaba comunicando adecuadamente con mi Creador y Padre Celestial de la manera en la que a Él le agrada que lo hagamos.

Por supuesto que conozco el fundamento bíblico de la oración, he editado a lo menos cinco libros sobre la oración, soy amigo de dos grandes hombres de oración: Claude King y T.W. Hunt, he predicado y he dado estudios bíblicos sobre la oración. He leído muchos libros sobre la oración así como biografías de hombre de oración.  Durante mis años de ministerio también he probado diferentes métodos y estrategias para mejorar mi vida de oración. Como resultado, he adquirido una mayor confianza y he orado de manera consistente y he sido testigo de la manera en la que Dios ha obrado milagros en mi vida y en el mundo que me rodea, al punto de dejarme algunas veces virtualmente sin habla. He llegado a la conclusión de que la oración es mucho más que responder las peticiones de oración,  responder las listas de oración o tener un tiempo a solas de oración y meditación. Esto está bien, pero hay mucho más implícito…

Tengo que confesar que he visto con mis ojos lo que la oración puede hacer,  y claro está que hay mucha gente que ha tenido esta misma experiencia. Podemos buscar  un buen ejemplo hace más de dos mil años,  cuando los seguidores de Jesús se sentaban a sus pies para escuchar lo que Él le decía acerca de la oración.  Sin dudas, los discípulos deben haberle hecho muchas preguntas a Jesús en los tres años que anduvieron juntos durante Su ministerio terrenal, tal vez la más trascendental  es la que  se recoge en Lucas 11:1

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”.

Quiero que observe conmigo una cosa. La persona que está haciendo esta petición ha sido testigo presencial y ha visto como Jesús ha devuelto la vista a los ciegos, ha hecho caminar a paralíticos,  ha sanado toda clase de enfermedades, ha sacado fuera demonios, ha ejercido su poder sobre los elementos de la naturaleza. También ha podido ver y escuchar como el Maestro enseñaba en la sinagoga  y dejaba sin habla a los doctores de la Ley, como hablaba a las multitudes y estas lo seguían. ¿No ha pensado por qué los discípulos no le pidieron que les enseñara a hacer milagros, a hacer consejería, a sanar enfermedades y echar demonios  a hacer discursos o multiplicar panes y peces? En fin, ¿por qué no pidieron que le enseñara a hacer un ministerio más visible?

La petición, al parecer era simple. ¿Señor, cómo es que Tú puedes orar así? ¡Enséñanos a hacer lo mismo!  Observando a Jesús, de alguna manera los discípulos se habían percatado de que la oración ocupaba un lugar muy importante en la vida del Maestro y en cierta medida estaba relacionada con todas las grandes cosas y milagros que Él hacía.  Jesús tenía un nivel de intimidad con el Padre Celestial que transformaba la oración de un “ritual” a un verdadero “aliento de poder”. El Señor sabía lo que era la oración y oraba.

Observe otra cosa: Esta gente que le estaba pidiendo a Jesús que les enseñara a orar, no eran principiantes en la oración. Esta era gente que había orado durante toda su vida. Como judíos que eran, habían sido educados y enseñados desde su niñez  y sabían que tenían que ser disciplinados y constantes en la práctica de la oración.  Desde que tenían memoria, cada día al amanecer y al atardecer  ellos habían orado la Shemá, la confesión de fe judía tomada de Deuteronomio 6:4-5 junto con otras oraciones y bendiciones.

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Deuteronomio 6:4-5

Estos hombres tenían la costumbre de orar tres veces al día a ciertas horas que se habían establecido y antes de comer algún alimento.  Hay algunos historiadores antiguos que dicen que en los tiempos de Jesús, un judío oraba, como promedio, entre tres y cuatro horas al día.  

Yo no sé lo que usted piensa, pero déjeme decirle que si estos hombres, con esta vida de oración y después de andar día y noche por tres años con el Maestro necesitaban ayuda para aprender a orar, yo estoy sumamente interesado en oír lo que Jesús les respondió.  Observe que ellos no preguntaron cuántas veces debían orar, o qué método debían utilizar. Ellos sabían los detalles que conocían los judíos devotos pero a la vez reconocían que “les faltaba algo”.  Ellos querían que Jesús les enseñara para tener poder en la oración y alcanzar la íntima comunión que Él tenía con el Padre.  

Como de costumbre, la respuesta de Jesús fue simple y práctica.   Nosotros hemos llamado a su respuesta: La Oración Modelo; algunos también la llaman El Padre Nuestro. Desafortunadamente, esta trascendental enseñanza ha llegado al colmo de convertirse en un “estribillo” para memorizar y repetir sin apenas prestar atención a lo que se dice. Así que voy a tratar de abordar la Oración Modelo de una manera en la cual usted pueda sacar provecho para que le ayude en su vida cristiana, para que pueda fortalecer su comunión con Dios y en fin, para que pueda llegar a tener una vida de oración poderosa, para glorificar el nombre de nuestro Dios.

Este estudio, a diferencia de los otros que he publicado en este blog, requerirá que usted practique y que lo haga orando.  No se trata de aprender frases y repetirlas de memoria. No se trata de aprender palabrerías para “tratar de impresionar a Dios”. Pero al final, debemos llegar a desarrollar aquello a lo cual nos llamó el apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 5:17: “Orad sin cesar”.

Debemos crear el hábito de orar, no para cumplir una costumbre, sino esperando ansiosamente para ver el obrar de Dios en nuestra vida y a nuestro alrededor.  Debemos tener el propósito de honrar a Dios en todo lo que digamos y hagamos durante el día y comenzar así cada día. Debemos pedirle a Dios cada día que nos hable y debemos estar dispuestos a obedecerle de inmediato.  Entonces usted podrá experimentar Su perdón, recibirá Su provisión diaria y cada día podrá caminar y alcanzar la victoria espiritual.

Hable con Dios y esté dispuesto a escucharle a Él. Cuando venga la tentación: Hable con su Padre. Ante cada decisión que tenga que tomar, consulte con Su Padre. Tenemos que entrenar a nuestros corazones para que sean capaces de escuchar al Padre. Dios NUNCA nos va a mentir, y Él le va a recordar que: Usted ha sido perdonado, que Él le ama,  que usted es fuerte en su debilidad por medio de Él, que la victoria es suya, que usted puede vencer el pecado y el mal y que usted tiene parte en la edificación del Reino de Dios y Él  le llama a unirse a Dios en lo que Él está haciendo.

¿Cómo debemos orar?

He recibido muchos mensajes electrónicos, chats en Facebook, comentarios en mis blogs y cartas pidiéndome que hiciera una serie de estudios bíblicos sobre la oración. Este es uno de esos temas en los cuales no me animo a escribir y la razón fundamental es la enorme cantidad de literatura en español y en inglés que existe al respecto.
Mucho se ha dicho y muchos métodos y formas prácticas se han sugerido. Sin embargo, en mi opinión personal, considero que la mayor parte de las veces se dan cosas por sentado,  que en realidad constituyen la base fundamental de la oración y que en la mayoría de las ocasiones, no se consideran ni se habla de ellas.
Yo no pretendo, ni creo que soy capaz de cubrir todos los aspectos que nos pueden llevar a tener una vida de oración eficaz y con poder. Voy no obstante a tratar, con la mayor honestidad, este tema que considero es de una importancia medular para el desarrollo de nuestra vida cristiana. Es un tema a la vez polémico, y no es mi intención polemizar con alguien. Respeto las opiniones ajenas, y con el mismo respeto y derecho expongo las mías. La mayor parte de este estudio se va a basar en las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo sobre la oración.
A manera de introducción a esta serie quiero que consideremos algunas cosas elementales. He visitado algunas iglesias cristianas en las que algunas personas usan la palabra REZAR en lugar de ORAR. Al parecer, a los líderes eclesiásticos en esos lugares, esto no les hace pensar o no les da alguna preocupación. Desde el punto de vista semántico, en el idioma español, a diferencia del inglés, hay una gran diferencia entre rezar y orar. En ingles existe una sola palabra: PRAYER. Pero en español, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua,  Orar es: “Hacer una oración a Dios, vocal o mentalmente”; mientras que REZAR es: “Dirigir a Dios o a personas santas oraciones de contenido religioso”.
Aquí el primer problema fundamental teológico: La Shemá que repetía el pueblo de Israel, que se encuentra en la filactelias y que se colocaba en las puertas y los dinteles de la casas dice: Oye Israel, El Señor (JHVH)  uno es. Simple, ¡NO HAY MÁS! Dios es un Dios celoso. Le invito a que vaya a la columna de la izquierda en este blog y busque los estudios anteriores que he publicado sobre las características de Dios para que repase estos conceptos. Si usted tiene su fe COMPARTIDA, está en un serio problema.
Déjame poner este asunto de otra manera. Se ha dicho en infinidad de ocasiones, que orar es hablar con Dios. Para hablar con alguien, se requiere que exista ese alguien, que nos preste atención y que nosotros podamos llegar hasta él. ¿De acuerdo? Poniendo un ejemplo de la vida cotidiana. Por mucha necesidad que usted tenga de plantearle un problema al Presidente de su país, si él no le recibe, le da la oportunidad de hablar y le escucha, usted no podrá presentar su caso.
Pues bien, Dios es mucho más importante que el más importante de los gobernantes que han existido, existen y existirán en la faz de la tierra. ¿Qué le hace pensar que usted puede hablar con Él y que Él le atenderá?  Comenzando en el Antiguo Testamento (Le invito que vaya a la columna de la izquierda y que lea los estudios publicados en este blog sobre el Tabernáculo.)  Dios mostró su deseo de comunicarse con los hombres. Al principio lo hizo, antes de que el pecado entrara en el mundo, y luego estableció un sistema para que el hombre pudiera limpiar SU CORAZON para presentarse ante Él. Con Moisés se inicia una nueva dispensación y se establece un sistema de sacrificios como un tipo del sacrificio perfecto que sería consumado por el Cristo.
De manera que el pecado de Adán condenó a muerte al Hijo de Dios. El que no conoció pecado vino a ser pecado por nosotros, para cargar en Él, el pecado de la humanidad. Pero Dios no resiste el PECADO en su presencia, por eso Cristo en la cruz clamó: Padre ¿por qué me has abandonado?  Al exhalar su Espíritu en la cruz Cristo dijo en voz muy alta: “Consumado es”, es decir, HE PAGADO EL PRECIO, el sacrificio ha sido ofrecido.
Entonces cómo es posible que nosotros los pecadores podamos HABLAR con Dios que es perfecto y no admite en su presencia el pecado: Jesús dijo: Yo soy EL CAMINO, la verdad y la vida, NADIE viene al Padre sino por mí. Así, que el primer aspecto a tener en cuenta es que ninguno de nosotros es ALGUIEN, o PUEDE HACER ALGO que le haga MERECEDOR de parase delante de Dios para hablarle o pedirle. Dice la Escritura que ABOGADO tenemos para con Dios. Ese abogado que intercede por nosotros, que ruega al Padre por nosotros y también  pagó para limpiarnos del pecado para que pudiéramos presentarnos ante Dios y hablar con Él, es Jesucristo.
Pero Jesucristo dice que Él es el UNICO camino y enfatiza diciendo que NADIE puede llegar hasta el Padre sino es por medio de Él. En otras palabras, REZAR, es decir, la acción de dirigir peticiones o alabanzas de contenido religioso a personas SANTAS, es un SACRILEGIO. La Biblia enseña que Dios es un Dios CELOSO, que es FUEGO CONSUMIDOR y que es una cosa TERRIBLE caer en las manos del DIOS VIVO. No confundamos el hecho de que Dios es AMOR creyendo que es un “viejito bonachón al que todo le viene bien y le da igual”. Dice incluso la Palabra que Dios al que AMA, disciplina. En conclusión, si analizamos desde Génesis hasta Apocalipsis vemos que Dios no admite otros dioses que ocupen su lugar o sirvan de intermediarios con Él. Este es uno de los pecados QUE MAS SEVERAMENTE Dios castiga en la Escrituras y uno de los pecados al que más se inclinaba el pueblo de Israel. No estoy siquiera refiriéndonos a los “dioses” que creamos y a los cuales ponemos en lugar de Dios, como las cosas, el trabajo, la familia, los entretenimientos, etcétera. Jesucristo puede ser el INTERMEDIARIO porque Él es DIOS mismo. No UN Dios, Él es Dios. Él enseñó que Él y el Padre son una misma cosa, también dijo que el que le vio a Él ha visto al Padre, y al partir para estar a la diestra del Padre, nos dejó a su Santo Espíritu.

¿Y cómo puede ser tres en uno? No tengo ni idea, porque como ser mortal finito hay muchas cosas que mi cerebro no puede comprender sobre lo infinito, pero mi corazón, mi mente y todo mi ser lo CREE, sin la menor duda y eso es FE. Y también dice la Escritura que sin FE es imposible agradar a Dios. ¡Un momento! Sin FE en DIOS… Si usted tiene fe en cualquier OTRA COSA, si usted CREE en cualquier otra cosa, esto este es el tipo de fe que el apóstol Santiago dice QUE NO PUDE SALVAR, y añade que “también los DEMONIOS CREEN y tiemblan”, en la presencia del Dios Santo.

Así llegamos al punto desde el que debemos partir: El primer aspecto a tener en cuenta para que podamos entrar a la presencia del Padre para presentar nuestras oraciones es la condición de nuestro corazón. Nuestro corazón SOLO PUEDE ESTAR PREPARADO Y LISTO SI SE LO HEMOS ENTREGADO por entero a nuestro Señor Jesucristo. Tengo que decirle QUE HAY QUE LIMPIAR LA CASA primero. Hay que votar las imágenes, los santos, las estatuas y cuanto pueda competir con Dios, PERO TODAS, no solo algunas. Y hay que ORAR solo a Dios, pues es solo a Él a quien podemos pedir y NO REZAR, pues NO HAY algún santo que PUEDA interceder por nosotros, óigame bien, ¡NI SIQUIERA MARIA! Si es que usted desea que sus oraciones pasen del techo de su casa y lleguen hasta el Santo Trono del Padre Celestial.
Déjame contarle dos historias y ya casi termino por hoy. Cuando mi nuera, a quien considero como a una hija más, se convirtió al cristianismo, agarró todas las imágenes y santos que había traído de Cuba y las lanzó al latón de la basura. Lo hizo sin ningún alarde y sin hacer muchos comentarios. Para ella fue un paso muy difícil, pues por mucho tiempo había depositado su fe en aquellas cosas y estaba recién dando los primeros pasos en el evangelio. Nunca se había leído la Biblia, y había estado asistiendo a la iglesia por unas pocas semanas, por primera vez en su vida. Sin embargo, el Espíritu Santo que mora en ella desde que recibió a Cristo, le estaba dando convicción de que aquello era un pecado y una abominación a Dios. Conservó sin embargo, una cadenita de oro, con una medallita con la imagen de la Virgen María que su abuelita, que la crió, le dio al ella salir de Cuba para que LA PROTEGIERA. Aunque ella no usaba la medallita la tenía guardada. Nadie en la familia sabía que ella tuviera aquella prenda de un considerable valor material y de un valor sentimental INCALCULABLE. Un día ella se levantó, fue al bote de basura e hizo un anuncio muy simple diciendo: Esta es la última imagen que me queda y aunque es un recuerdo de mi abuelita, sé que esto ofende a Dios, y la tiró sin pensarlo dos veces.
Desafortunadamente conozco otros varios casos de personas, algunas de ellas incluso se han bautizado por inmersión y son miembros de iglesias evangélicas,  que se siguen persignando, rezando “Ave Marías” y “Padres Nuestros”, encendiéndoles velas a los santos y haciendo promesas para obtener cosas a cambio de sacrificios. Estos, en su mayoría, cuando se les enfrenta con la verdad que enseñan las Escrituras sobre estas prácticas, se sienten OFENDIDOS y atacados. Desafortunada y tristemente, la única explicación teológica que encuentro es que el Espíritu Santo no les da convicción de su pecado y la única razón para que esto suceda, es que el Espíritu Santo no mora en ellos. Es nuestro deber hablar con estas personas y orar por ellas para que Dios siga tocando a las puertas de sus corazones y para que ellas, dejen entrar en sus vidas al Rey de Gloria.

No creo que la salvación se obtenga por RECITAR o REPETIR una especie de REZO, aunque se le dirija a Dios. La salvación es el resultado de rendir nuestro corazón y voluntad a Dios, reconociendo nuestra condición, pidiéndole a Cristo que venga a ser en Señor de  nuestra vida y RINDIÉNDOLO TODO a Él. Por eso decía al principio que depende de la actitud de nuestro corazón y voluntad. ¡Ese es el libre albedrío!  Dios no fuerza la “puerta de nuestro corazón” para entrar, se requiere que el hombre la abra.

Volviendo al punto en el que comencé y sobre lo cual va a tratar esta serie. ¿Por qué los discípulos le dijeron al Señor, “enséñanos a orar”? Ellos eran judíos, y los judíos oraban. Juan el Bautista que había venido a preparar el camino para la llegad del Mesías y practicaba el “bautismo” como una confesión de arrepentimiento había enseñado a orar a sus discípulos. Al parecer, en los días de Jesús se habían mezclado mucho las costumbres y las tradiciones con prácticas ajenas al judaísmo y el resultado era algo no agradable a Dios. ¿Alguna semejanza con nuestros días? Es indudable que los discípulos oraban antes de hacer esta petición, pero también es probable  que se sintieran como algunos nos hemos sentido en alguna oportunidad en la cual nos da la impresión de que nuestras oraciones no pasan del techo. También es probable que el poder que mostraba Jesucristo los tuviera confundidos y ellos observaban cómo e Él oraba al Padre. Seguramente en ocasiones se percataron de la dependencia de Jesús de su Padre en oración. Por eso ellos “querían aprender a orar como Él oraba”. No dudo tampoco que tuvieran en mente la crítica de Jesús a los escribas a quienes llamó “hipócritas” (Marcos 12:38-40) por la extensión de sus oraciones y por la “palabrería” que usaban.
Personalmente me siento incómodo en la presencia de personas que oran como si estuvieran predicando o tratando de impresionar a Dios. Otros hacen los recuentos de lo que publicó la prensa  o dijeron en el noticiero de la televisión, como si Dios necesitara que se lo informáramos o para darle a saber a Dios lo bien informado que están.
La Biblia una y otra vez insiste en enseñarnos que DIOS SE AGRADA del corazón CONTRITO Y HUMILLADO. Si queremos llegar a Dios, y hemos recibido a Cristo y le hemos hecho amo y Señor de nuestras vidas, tenemos que venir ante el padre HUMILLADOS… Dice la Biblia que Dios RESISTE a los soberbios, en otras palabras, a los que se creen ser algo, a los que quieren ser importantes, a los que quieren tener el mando y el control, a los que se niegan a oír consejos y escuchar opiniones diferentes a las de ellos; a los que se creen mejores que los demás, incluyo a los lideres que piensan que la iglesia les pertenece a ellos. Mis amados, perdónenme, peros eso es SOBERVIA.
¡Señor, enséñanos a ORAR! Danos Padre la convicción por medio de tu Espíritu. Revélanos las cosas ocultas de nuestros corazones para poder presentarnos limpios ante ti por medio de la Sangre del Cordero sin mancha. Límpianos de la mancha de nuestros pecados, y permite que nuestras almas sean emblanquecidas por medio del sacrifico de tu Hijo en la cruz. Danos convicción para desechar de nuestras vidas aquellas cosas que hemos colocado en Tu lugar. Queremos presentarte el sacrificio de nuestros corazones contritos y humillados. Y queremos alabar y bendecir Tu nombre. A Ti sea la gloria, hoy y por siempre. En el nombre de Cristo, nuestro Señor y Salvador, Amén.

No tenemos que sentir miedo

En Marcos 6:45-52 leemos

Enseguida Jesús hizo que Sus discípulos subieran a la barca y fueran delante de El al otro lado, a Betsaida, mientras El despedía a la multitud.

Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.

 Al anochecer, la barca estaba en medio del mar, y El estaba solo en tierra.

 Y al verlos remar fatigados, porque el viento les era contrario, como a la cuarta vigilia de la noche (3 a 6 a.m.), fue hacia ellos andando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.

Pero cuando ellos Lo vieron andando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar;

porque todos Lo vieron y se turbaron. Pero enseguida El habló con ellos y les dijo: “¡Tengan ánimo; soy Yo, no teman!”

Subió con ellos a la barca, y el viento se calmó; y ellos estaban asombrados en gran manera,

porque no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.

Los discípulos de Jesús, en más de una ocasión sintieron miedo. Seguir a Jesús no les daba una cierta seguridad especial, tampoco el Maestro les prometió en alguna ocasión que no tendrían que enfrentar dificultades, pero es evidente que ellos estaban aprendiendo a confiar en Él.  

Hace unos meses, me encontraba justo en una barca, en medio del Mar de Galilea. Aunque era de día y una hermosa música cantada en hebreo animaba nuestro paseo, vino a mi mente esta escena cuando Jesús envió a sus discípulos que fueran hasta la otra orilla del mar mientras Él se quedaba a solas para orar.

Hacía muy poco que se había realizado la alimentación de los cinco mil. Juan 6:14-15 nos dice que la gente había tratado de capturar a Jesús para hacerlo rey. Poco antes Jesús se había enterado de que Juan el Bautista había sido decapitado (Mateo 14:3-12). El Mar de Galilea está rodeado de elevaciones, y al parecer Jesús, después de terminar de orar, desde una de estas alturas pudo ver cómo sus discípulos luchaban contra las olas de una fuerte tormenta que se había levantado en el Mar y no lograban avanzar, haciendo grandes esfuerzos para mantener la barca a flote.

¿Se ha encontrado usted en medio de una tormenta? ¿Ha visto como las olas se levantan y el viento parece que lo va a destrozar todo? ¿Ha mirado afuera de su barca y solo ha visto oscuridad? ¿Ha sentido o está sintiendo temor en medio de su tormenta? ¿El viento y las olas no le dejan avanzar? ¿Sabe una cosa? ¡Tengo buenas noticias para usted!

En medio de aquel vendaval, Jesús se acercaba caminando sobre las aguas. Este hecho claramente revela su divinidad. En Job 9:8 el patriarca revela la capacidad de DIOS de andar sobre las aguas. El barco en el que estaban los discípulos no había encallado, estaba siendo sacudido por las aguas y el viento. Jesús caminó por la superficie de las aguas porque sus discípulos lo necesitaban. Si estás en medio de la noche, si las tormentas de la vida te están sacudiendo. Si el mar se agita enfurecido en contra tuya… Mira por sobre la borde de tu embarcación, el Maestro viene en tu auxilio. Él te está tendiendo su mano. No tienes que temer, deja a un lado tu miedo que Él está cerca para rescatarte. Pero tú tienes que alzar tu vista hacia Él y aferrarte de su mano.

El  miedo que sentían los discípulos los engañó. Cuando vieron a Jesús, pensaron que era un fantasma. No hay nada de extraordinario en esta reacción, en definitiva, los hombres de carne y hueso no pueden caminar sobre el agua. Los discípulos eran hombres acostumbrados al mar. Los marineros de aquellos tiempos y los pescadores, como los de ahora, hacen cuentos de fantasmas y aparecidos y por lo general, estas historias se asocian a desastres. Así que no debe extrañarnos  que el terror se apoderara de ellos y que comenzaran a gritar.

Jesús trató de calmar su miedo y les dijo: “Tened ánimo”. Pero este no era un mandato fácil de cumplir en las circunstancias en las que ellos se encontraban. Tal vez la tormenta en la que te encuentras es también feroz y es difícil poder “tener calma” ¿verdad?  Hay quienes piensan que solo ellos saben lo que están pasando. ¡Pero están en un error! Dios sabe perfectamente lo que están pasando. Jesús les dijo ¡YO SOY! Y también a ti hoy te dice ¡YO SOY! Y esta presentación suya es en sí misma una garantía para que dejemos a un lado el miedo. Vea lo que dice Isaías 43:25; 48:12; 51:12-16. Esta manera de presentarse es similar a la usada por el Padre para referirse a sí mismo en Éxodo 3:14. Jesús estaba usando el nombre que los judíos no se atrevían ni a repetir para presentarse  (JHVH).

Pero Jesús no solo usó palabras. Para probar que era quien decía ser, se subió a la barca  y calmó al viento. Los discípulos se asombraron y maravillaron. Y Jesús hoy sigue calmando tempestades y sorprendiendo a la gente, porque Él es Dios.

En Cesarea de Filipo Pedro unió las piezas del rompecabezas y confesó (Marcos 8:29) que Jesús era el tan esperado Mesías que había sido prometido, y su poder no tiene fin. Ahora bien, observe esto: Los discípulos estaba haciendo lo que Jesús les mandó que hicieran. Sin embargo, a pesar de eso se levantó una terrible tormenta y ellos sintieron miedo. Cuando los discípulos reconocieron a Jesús y vieron que estaba cerca, desaparecieron sus temores porque ellos reconocieron y confiaron en su poder.

Sabe una cosa. Nuestro Señor desea que nosotros tengamos esa misma clase de seguridad. Es posible que usted se encuentre enfrentando la tormenta más grande que hubiera imaginado. El viento y las olas unidas a la oscuridad que le rodea le han llenado de temor. El miedo no le deja ver a su Maestro que está al alcance de su mano. Tal vez hay cosas que le impiden verlo con toda claridad. Le invito en el nombre de Dios para que tire por la borda de su embarcación cualquier cosa que pudiera impedirle ver con claridad a su Jesús. Agárrese de la mano que Él le está tendiendo. Fíjese que tiene en ella la cicatriz del clavo que lo sujetó por un breve tiempo a una cruz en la que Él pago el precio por los pecados que usted cometió. Confíe en Él, pues venció la muerte, está a la diestra de Dios, es Dios y quiere calmar la tormenta en la que usted se encuentra para que pueda vivir la vida que Él le quiere dar hoy…

Bienvenido

Noviembre 24 de 2009 · Dejar un comentario

He creado este sitio para cada semana publicar un estudio que pueda ayudar en el crecimiento espiritual de nuestro pueblo.

Me puede buscar el Facebook  y en http://estudiandolabibliaconoscar.blogspot.com

Sigue la boda

Estamos participando de la boda que se está celebrando
Juan 2:1-11
¿Era en verdad vino lo que se estaba bebiendo en la boda? ¿Cómo era el vino en esta época en Palestina?
El vino al que hace referencia este pasaje era una bebida hecha con jugo de uvas fermentado. Se obtenía exprimiendo las uvas dentro de grandes cubas de piedra que tenían un desagüe pequeño en uno de los extremos. El jugo se recogía y se ponía en tinajas y se colocaba en cisternas frescas cavadas en la roca para dejarlo allí fermentar. En el tiempo del Nuevo Testamento el vino se guardaba en odres y generalmente se diluía con agua antes de beberlo, lo que producía una bebida refrescante con bajo contenido alcohólico. El vino se usaba también como medina y como desinfectante. No debemos de perder de vista que en estos tiempos no existía el agua mineral embotellada ni la Coca-Cola. El agua era obtenida de pozos y en algunas raras ocasiones de manantiales. También se recogía agua cuando llovía, pero estas aguas estaban llenas de impurezas. Hay evidencias de que el agua se hervía para purificarla antes de tomarla
o mezclarla con el vino y también se acostumbraba a filtrar.
La Biblia condena la borrachera y los excesos en el tomar, y también condena los excesos en comer; pero describe al vino como parte de la comida típica en Palestina. Pienso que pedirle a cualquier hermano que haya nacido y viva en un país productor de vino que se abstenga de tomarse un vaso de vino en la comida, es tal vez llevar las cosas demasiado lejos.
En la Biblia el origen de los viñedos se remonta a los días de Noé, Génesis 9:20-21. El cuidado de las viñas aparece descrito en Isaías 5:1-6, y el de la cosecha en Isaías 1:8. En tiempos del Antiguo Testamento a los viñedos no se les podían quitar todas las uvas en el tiempo de la cosecha, pues había que dejar para los pobres y los extranjeros, Levítico 19:10 y también para los huérfanos y las viudas Deuteronomio 24:21, lo cual me lleva a pensar, que el vino era una bebida ampliamente usada. En el Nuevo Testamento, Jesús utilizó con mucha frecuencia a la viña para presentar una analogía con el Reino de Dios, Mateo 20:1-16.
Quiero enfatizar que el agua era la bebida principal y que se obtenía de pozos y cisternas,también se bebía leche, aunque se consideraba como un alimento. Se consumían diferentes tipos de vino: el vino “nuevo” era un vino dulzón que se obtenía probablemente del primer jugo que salía antes de comenzar a pisar la uvas. Hay estudiosos de la Biblia que plantean que el “vino nuevo” no había fermentado; sin embargo, en la Biblia se habla de sus efectos intoxicantes, Hechos 2:13. Por supuesto que no había refrigeradores y no se había inventado la fabricación del hielo, por lo que era casi imposible guardar el jugo de uvas,después de la cosecha, sin que este se fermentara. Se menciona un “vino amargo”, tal vez una especie de vinagre que se mezclaba con aceite de oliva y era una bebida que tomaban los
jornaleros, Rut 2:14 y Lucas 23:36. El vino se consideraba un artículo de lujo que podía alegrar el corazón, Salmo 104:15 o nublar la mente, Isaías 28:7 y Oseas 4:11.
Yo no tengo dudas de que Jesús hizo vino y siendo Dios y no conociendo la imperfección, hizo el mejor vino que alguna vez alguien hubiera probado.
Quiero, sin embargo, aclarar que el vino aquel no era como el que se consume hoy. El vino en Palestina por lo general se mezclaba y contenía tres partes de agua y una de vino. Tal vez por esto Jesús mandó a llenar las tinajas con agua, Él no necesitaba que la tinajas tuvieran agua para llenarlas de vino. También se consumía en Palestina una mezcla hecha con una parte de agua y una de vino y también se consumía vino sin mezclar, pero este era llamado “vino fuerte” y su uso era ás limitado. El vino mezclado con agua era llamado VINO (oinos) y el vino no mezclado con agua se llamaba akratesteron que traducido es LICOR que equivale a decir, “vino sin mezclar”, veamos Levítico 10:9, Deuteronomio 14:26 y 1 de Samuel 1:15
En el Talmud que recoge la tradición oral del judaísmo entre el 200 a.C. y el 200 d.C. se discute la mezcla del vino con agua. En la Sabbath 77a se establece que el vino que no contenga tres partes de agua, NO ES VINO. En el Pesahim 108b se establece que los cuatro vasos de vino que todo judío debe consumir en el pasover (PASCUA) deben contener tres partes de agua y una de vino. En la Enciclopedia Judía de 1901 Vol. 12, pp. 533 se establece la distinción entre Yayin vino mezclado con agua y Yayin Hai o Mazug, vino sin diluir.
Quiero insistir una vez más en el hecho de que debemos tener muy presente que en aquella época no había muchas cosas para beber, repito, no había Coca-Cola, ni Pepsi, ni Sprite,ni tampoco Jarrito o Materva. Para poder beber el agua tenían que hervirla, lo cual era costoso
y difícil, podían filtrarla, lo cual requería mucho tiempo o mezclarla con vino, que era la forma más segura, rápida y barata, y por lo tanto la más usual. No existía el agua potable, como la conocemos hoy ya que los acueductos tenían otros propósitos y no usaban tuberías.
En el versículo cuatro vemos que: “Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. María no le pidió que hiciera algo, simplemente le informó la situación que se había presentado y a la cual Él probablemente había contribuido. María conociendo el corazón de Jesús y estando consciente de que era Dios, sin prestarle mucho caso a sus protestas según el versículo cinco: “dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere”… Es indudable que María tenía plena confianza en Jesús. Cuando a mí se me rompe algo en casa, antes de llamar a alguien para que venga a arreglarlo, llamo a mi hijo que es capaz de componer casi todo lo que se pueda romper. Es una confianza especial que los padres tenemos en nuestros hijos, y considero que esto es lo que tenía María, confianza en que Jesús resolvería la situación que se había creado.
Hay un hecho que quiero destacar y que debe ser visto a la luz de las costumbres en palestina en los tiempos del Nuevo Testamento, el hecho de de que Jesús la llamara “mujer” y no MADRE implica que NO le debía obediencia y NO tenía por qué hacer lo que ella le estaba pidiendo. La palabra usada es gynai que no implica un tratamiento frío o irrespetuoso, pero sí marca un cierto distanciamiento. No se usa cuando existe mucha confianza, como la que existe entre una madre y un hijo. Esta es una afirmación enigmática pues Su hora parece hacer referencia a su muerte. Esta palabra se repite varias veces, pero nadie sabe a lo que Él se está refiriendo. Esta expresión lo dice TODO acerca de Él, y sin embargo NO DICE nada. Pero María no se intimidó ni pareció prestarle atención… Ahora entiendo mejor a mi esposa cuando le imparte “sus consejos” a nuestros hijos, que por supuesto ellos rechazan, pero ella, como María, sigue adelante con su misión.
Hasta este punto y justo en este momento, veo una aplicación práctica. No le pido que esté de acuerdo conmigo, pero no por eso voy a dejar de expresar lo que pienso:¿Necesita usted que se produzca un milagro en su vida? Esta es la respuesta: Haced todo lo que os dijere…¿Se le están terminando las provisiones? ¿Perdió el empleo? ¿No sabe cómo va a pagar?Esta es la respuesta: Haced todo lo que os dijere…¿Se va a acabar la fiesta de pronto? ¿Tendrá que pasar la pena de decir que se acabó?Esta es la respuesta: Haced todo lo que os dijere…Considero que si cada uno de nosotros hiciéramos todo lo que Jesús nos dice que hagamos, nuestras vidas serían muy diferentes y nuestra situación cambiaría radicalmente…
6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros,
7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua […] Y las llenaron hasta arriba…
9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo,
10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora…
¿Qué había ahora en las tinajas? ¡Había buen vino! No le demos rodeos. Considerando las costumbres y la tradición judía, podemos asumir que lo que apareció en las tinajas fue una mezcla de agua con vino, de manera que agradara a los invitados y pudiera ser bendecida según la costumbre judía.
11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
Quiero llamar la atención sobre un hecho en el cual tal vez usted no haya pensado. Este fue el primer milagro que registra la Biblia que ocurrió en Israel después de que Daniel fuera librado del foso de los leones y de que la Mano de Dios escribiera en la pared del palacio construido por Nabucodonosor durante el banquete de Belsasar, es decir, que por espacio de unos 500 años no se registran milagros en la Biblia.
Para que podamos imaginarnos mejor lo que esto significa piense que hace un poquito más de 500 años que Cristóbal Colón piso por primera vez el suelo americano. Mire cuántas cosa han cambiado, de las carabelas a las naves Apolo, de los diarios de navegación escritos a mano a las computadoras, hace solo un poco más de cien años que se inventó el automóvil. Y habían pasado 500 años de historia en Israel sin que Dios hiciera un milagro…
Observe este hecho que me llama mucho la atención: Moisés convirtió el agua en sangre y Jesús transformó el agua en vino. Con Moisés vino La Ley y con Jesús vino la GRACIA. Esto no quiere decir nada, pero es un hecho que me ha hecho pensar bastante.
Había ocurrido un milagro. Los milagros fueron hechos por Dios para darle un mensaje al pueblo de Israel, en 1 Corintios 1:22 Pablo da una explicación, dice él: “Los judíos quieren ver señales milagrosas, y los griegos buscan sabiduría… (DHH). Los milagros aparecen por primera vez en el AT en el libro de Éxodo. Por medio de los milagros Dios ratificó la autoridad de Moisés ante el pueblo. La próxima vez que vemos milagros es en tiempos de Elías y Eliseo. Los milagros que hicieron fueron para confirmar que el mensaje que estaban presentando provenía de Dios. La última vez que vemos milagros es con Daniel y sus amigos para manifestar que Dios estaba con ellos. La próximo vez que se narran milagros en la Biblia es al inicio del ministerio de Jesús. Al igual que en el Antiguo Testamento, los milagros fueron hechos para dar evidencias del origen divino del mensajero y del mensaje. Los milagros de Jesús revelan también Su autoridad. Al estudiar los milagros tenemos que considerar lo que ellos revelan de la persona y autoridad de Jesús. Este primer milagro, relatado solo en el Evangelio de Juan, revela en primer lugar, la gloria de Jesús, como el Hijo de Dios, según Juan 2:11, en segundo lugar, ayudó a que sus discípulos depositaron su fe en Él. En este milagro ellos vieron su gloria y entendieron que Él era digno de que creyeran en Él. ¿Crees tú en Él?