Un evangelio simple

Romanos 1:15 DICE:

 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros…

  En cierta medida este es un pasaje un tanto intrigante del apóstol Pablo, que sigue su línea general de pensamiento y expresión en sus cartas, en las que constantemente salta de un asunto a otro, según estos le vienen a la mente bajo la inspiración del Espíritu Santo. En ocasiones me da la impresión como si la línea general se perdiera para luego reaparecer con igual intensidad.

 Aquí el apóstol está considerando, lo que pudiéramos llamar una obligación: El mandato de Dios a Pablo era para anunciaros el evangelio. Y justo este es un tema de mucha actualidad en el día de hoy. Se ha hablado mucho acerca de los problemas que enfrenta el cristianismo en la actualidad. Se han hecho muchas investigaciones y el discurso denominacional toma nuevos bríos. Se están empleando muchas horas en discutir si calvinismo o armeniarismo, o si Rick Warren es calvinista, o si Macarthur es predestinista, que si Joel Osten está o no está haciendo tal o cual herejía, y la lista sigue hasta el infinito consumiendo tiempo y desviando la atención.

 El problema es que muchos han desviado el camino y en lugar de predicar el evangelio se están disolviendo en las “tradiciones religiosas”. El evangelio al que Pablo se refiere es el simple evangelio de Jesucristo. Este evangelio, esta buena nueva, es simplemente que la muerte y la resurrección de Cristo hacen posible que Dios perdone los pecados a los seres humanos. En toda la Tierra no hay noticia mejor ni más importante que esta. No hay otra doctrina más importante ni otro principio que pueda suplantar a este.

 Sabemos que Pablo se dedicó con entusiasmo y osadía  a cumplir la obligación que Dios le había encomendado, incluso arriesgando su vida y su libertad. Explícitamente proclamó su determinación  de presentar el evangelio, al punto de declarar: no me avergüenzo del evangelio. El evangelio era, de hecho, la prioridad principal para Pablo en su vida. Pero era este simple y claro evangelio que tiene consecuencias eternas.

 ¿Qué quería decir realmente Pablo cuando hablaba y escribía acerca del evangelio? Si usamos un acercamiento lingüístico, la palabra Evangelio se deriva de una palabra griega que significa “noticias de gozo” o “buenas nuevas”. Aunque sin duda alguna el evangelio es una buena noticia, Pablo da detalles del mensaje del evangelio en 1 Corintios 15.1-8. Allí aprendemos que el mensaje del evangelio incluye la muerte de Cristo por nuestros pecados, su sepultura, su resurrección de la tumba en el tercer día y su aparición física a los creyentes antes de regresar a su trono en los cielos.

 Pablo no usó nunca la palabra “evangelio” a la ligera. El mensaje del evangelio destaca los elementos esenciales de la obra de Cristo aquí en la Tierra, y esta es una obra que fue cumplida para que nosotros podamos obtener el perdón ante un Dios santo y como resultado recibir la vida eterna. El problema es que esto es demasiado simple para alguna gente que prefiere que las cosas sean más complicadas.

Los seres humanos, especialmente en los Estados Unidos, nos hemos acostumbrado al principio de que nada es gratis. Por eso resulta a veces difícil aceptar el evangelio. Sería más atrayente presentar una lista de asuntos a cumplir para ir marcando los que ya se han cumplido y trabajar en los que hay que cumplir. ¡Pero eso es una falsedad! Desafortunadamente, hay mucha gente tratando de hacer eso. Han desviado la doctrina y se afanan inútilmente en “hacer cosas para obtener la salvación” y para “calmar a Dios”. Debemos creer ese evangelio simple y puro, sin alteraciones y es ese el evangelio que tenemos que predicar.

 Hubo un tratado que se llamaba “Gratis pero no es barato” y explicaba el evangelio, cómo obtener la salvación y el costo que implicaba seguir a Cristo. Porque después de aceptar este evangelio simple, tenemos que crucificar a nuestro yo y dejar que Cristo viva en nosotros…

 

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¿Qué está pasando en el mundo?

Fue el filósofo francés Voltaire quien dijo: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”. En cierta ocasión José Martí expresó su concepto sobre la libertad al decir: “el respeto al derecho ajeno, es la paz”.

No pretendo dar hoy una lección de comportamiento ciudadano y mucho menos de política, pero desafortunadamente, el mundo en el que vivimos cada vez se vuelve más político, y sobre todo, ciertos sectores son cada vez más agresivos en contra de aquellos que piensan de manera diferente a ellos, llegando al ejercicio de la violencia y el terrorismo.

Los que así actúan, supuestamente reclaman sus derechos, pero olvidan que ellos mismos están violando los derechos de los demás. No soy judío, soy cristiano y he sido bautista desde que abrí mis ojos. Por ser un estudioso de la Biblia, he aprendido que Israel es el pueblo escogido y amado de Dios. Jesucristo murió por el pueblo de Israel y murió también por los árabes y los autollamados “palestinos”.

La historia del cristianismo, al igual que toda historia, tiene páginas que quisiéramos borrar ya que bajo la dirección de algunos líderes se hicieron cosas, “no muy santas”. La historia se ha encargado de esos hechos. Pero mi sangre hierve en mis venas cuando leo noticias como la masacre perpetrada esta semana en Francia en la cual el Rabí Jonathan Sandler, de 30 años de edad  y sus dos hijitos, Arye, de 6 y Gabriel de 3 años de edad, fueron asesinados a la salida de la escuela junto a la hijita del director de la escuela llamada Miriam Monsonego de 8 años por el DELITO de ser israelíes.

El asesino, un argelino naturalizado en Francia que responde al nombre de Merah, y afiliado con el grupo terrorista Al Qaeda profesa el Islamismo radical.

Sin apasionamientos de algún tipo, y tratando de poner las cosas en perspectiva, para tratar de entender lo que hay detrás de este hecho, insólito, que solo refleja ODIO y FANATISMO me sorprendo al notar que el asesino, que además de este crimen había cometido otros anteriores y pensaba cometer tres o cuatro más, y que había filmado sus crímenes con la idea de poner el video de los asesinatos en el Internet. ¿Pensó este criminal que se trataba de trofeos de caza? ¿Creyó estar en un zafarí? ¿Quién pudiera estar interesado en ver cómo se asesina a tres niños inocentes? ¿Qué hay en la mente y el corazón de alguien que actúa de esta manera?

¿Qué está pasando en el mundo? Creo que la mejor explicación es que alguna gente ha cambiado a Cristo por un conjunto de tradiciones y normas religiosas. Han sustituido a Dios y han creado otros dioses que responden y representan sus frustraciones, ambiciones, odios y ansias reprimidas. ¿Recuerda cuando el pueblo de Israel le pidió a Aarón que le hiciera dioses de oro mientras Moisés estaba en lo alto del monte en comunicación con Dios? ¿Por qué odian a Israel? Justo por ser el pueblo escogido de Dios. ¿Por qué nos odian a los cristianos? Justo por ser el pueblo adoptado por Dios.

Esta gente, en última instancia, se opone y está en guerra con el Único Dios verdadero. En nuestra indignación contra tales hechos, es fácil odiar y muy difícil perdonar. Resulta comprensible recordar y muy difícil olvidar. Pero como cristianos, tenemos la obligación de dejarle a Dios el juicio. Tenemos que limpiar nuestros corazones y comenzar a practicar la difícil disciplina de orar y amar a nuestros enemigos. Oremos porque haya paz en Israel y oremos por el asesino, para que Dios tenga misericordia de él.

NOTA: Después de haber publicado este artículo el Señor Muhamed Merah se quitó la vida esta mañana lanzándose a la calle desde la ventana del apartamento del edificio en el que vivía y que se encontraba rodeado por la policía desde ayer en la tarde. Merah recibió a tiros a la policía que irrumpió en su apartamento, hiriendo a dos oficiales lanzándose después a la calle donde murió.

 

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La oposición es algo natural

F. Sherwood Rowland acaba de morir a la edad  de 84 años.  No voy a hacer su panegírico, en verdad, ni siquiera sé si fue  creyente. Tal vez muchos de ustedes ni siquiera sepan de quién se trata. Sin embargo, la noticia de su muerte me hizo reflexionar en la importancia de aferrarnos a nuestras convicciones aunque el mundo entero se oponga. Martin Luther King Jr es otro ejemplo muy digno de lo que digo.

A principios de la década de los setenta F Sherwood Roland que era químico comenzó a observar los efectos que producía una sustancia llamada “cloroflurocarbono”  que es un componente que se usaba en el aerosol que se empleaba desde los desodorantes hasta en los refrigeradores.  

En el año 1974 Dr. Rowland junto con un Hispano llamado Mario Molina mostraron al mundo que la tan usada sustancia química, estaba destruyendo la delgada capa de ozono que envuelve a la tierra, protegiéndola de los peligrosos y mortales rayos ultravioleta.

Fue un trabajo monumental  y este par de hombres hicieron un aporte a la humanidad de proporciones inconmensurables. Algunos han llegado a calificar este descubrimiento diciendo que el mismo salvó la existencia de la vida en la tierra.

Era de esperar que la humanidad congratulara con bombos y platillos a esta pareja de científicos que durante meses trabajaron día y noche para comprobar su teoría. Pero el resultado fue exactamente lo opuesto. Existían muchos millones de dólares que estaban en juego, por lo que la industria química y farmacéutica arremetió en contra de ellos usando todas las armas científicas disponibles e inventando otras con el fin de ridiculizar, opacar y desacreditar a Rowland y Molina.

Las cosas llegaron al punto en el que cualquiera hubiera “lanzado la toalla” para detener el combate.  Pero ellos siguieron firmes, convencidos de su verdad. En lugar de desmayar, recrudecieron sus experimentos e investigaciones que siempre daban el mismo resultado. Decidieron entonces comenzar a alerta al público del peligro que estaba corriendo la tierra a causa del descuido y el desinterés de la industria química mundial por la salud y el bienestar de la gente  y por  la falta de acción de los gobiernos en el mundo.  

No fue hasta el año 1985, cuando un grupo de investigadores ingleses descubrieron un hoyo en la capa de ozono sobre la Antártida, que no le quedó otro remedio  a las naciones del mundo que reconocer el problema y tomar medidas, estableciendo la prohibición del uso de esa sustancia química.

En 1995 Rowland, Molina y otro investigador que trabajó con ellos recibieron el Premio Nobel de Química por su aporte a la humanidad con su investigación. Pero no recibieron premio por un aporte que es aún mayor: Su ejemplo de lucha por la verdad sin desmayar,  aunque el mundo entero estuviera en contra y se opusiera a ellos.

Martin Luther King Jr luchó sin descanso hasta llegar a ser asesinado por lograr, en el Sur de los Estados Unidos de América, nada más y nada menos que en la década de los sesenta,  para que terminara la segregación racial existente y para que los negros y los blancos tuvieran iguales derechos civiles.

Al leer sobre estos y otros hombres que enfrentaron hasta la muerte, por defender lo que consideraron justo y lo que era su verdad, no puedo menos que preguntarme: ¿Y cómo estamos actuando los cristianos con nuestra verdad en esta sociedad postmodernista que nos ha tocado vivir y que se opone a nuestra fe?

Siempre ha sido más fácil nadar a favor de la corriente que en contra de ella, pero no fuimos llamados para estar a bien con el mundo. Las enseñanzas de Jesús son claras.  Su vida es un vivo ejemplo de lo que debemos hacer y de cómo debemos comportarnos. Sus enseñanzas son nuestra brújula y nuestra guía para gritar la verdad del evangelio y luchar por ella.

Enfrentamos y enfrentaremos oposición, esa es una característica histórica. Pero debemos seguir adelante a pesar de las oposiciones y los ataques de los enemigos de la fe. Al final, no vamos a recibir un Premio Nobel, vamos a recibir algo mayor e incontaminable: ¡La vida eterna!

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La conspiración del silencio

 Aunque he visto varias fotos en el Internet y en FB del ahorcamiento del pastor Iraní acusado de apostasía, por el gobierno de su país y condenado por una corte de su país. Me pregunto: ¿Por qué la prensa de esta gran nación no dice nada?  Los titulares están llenos de noticas y chismes acerca de los tres aspirantes a la nominación del Partido Republicano que se enfrentará al presidente Obama en las próximas elecciones generales.

De pronto es como si fueran más importantes los detalles de la vida privada de Gingrich que las atrocidades que un régimen despótico y totalitario pueden hacer con uno de sus propios ciudadanos, acusado falsamente, enjuiciado por un tribunal mediatizado y condenado sin pruebas  por un delito que no existe.  El régimen de Teherán que es una “República” Islámica, y esto suena como un chiste.  La republica como bien sabemos, como sistema de gobierno democrático surgió en la Roma Imperial y su impacto fue tal que es el sistema de gobierno que se sigue usando hoy en el MUNDO libre. Es en sí un gobierno del pueblo, en el que este elige libremente a sus gobernantes. Pero eso no es lo que sucede en Irán. En una democracia los ciudadanos pueden expresar libremente sus opiniones, por eso puedo escribir diariamente esta página y decir lo que pienso, pero eso no es lo que sucede en Irán. En una democracia cada cual tiene el derecho de pensar y creer en lo que quiera, pero evidentemente, este no es el caso de Irán.  ¿Entonces qué clase de democracias es esa? Es simplemente un nombre, sin sentido semántico, vacío y carente de significado, como toda la ideología detrás del mismo que se impone por el miedo y no por convicciones..

Youcef Nadarkhani fue acusado falsamente de apostasía, delito que en Irán se aplica a todos aquellos que se apartan del Islam y abrazan otra fe religiosa. Pero en el caso de Youcef, no ha sido probado que él haya sido, alguna vez en su vida, musulmán.

Este caso me lleva a meditar en algunas cosas. ¿Qué clase de fe es esa que tiene que matar a los que abandonan la fe? ¿Se mantiene y crece esa fe por el horror o por el amor? ¿Se predica el odio o el amor? ¿Cómo imagina esta gente a Dios? ¿Cómo se alcanza la vida eterna? Yo conozco las respuestas que dan, y las mismas, nada tienen que ver con la Biblia. Por eso usan otro libro para justificar sus creencias.

Las escenas de la inquisición han pasado a ser imágenes de historietas infantiles al lado de los horrores que comete esta gente a nombre de su fe. Démosle las vueltas que queramos pero no nos llamemos a engaño. Para ellos somos sus ENEMIGOS. Pero lo que no podemos perder de vista es que por ellos también murió Cristo. No para que seamos como ellos o nos convirtamos a su fe, sino para que les proclamemos la verdad del Dios verdadero, que puede liberarlos de la esclavitud en la que viven.

Apostatar dice el diccionario que es: “Cambiar de opinión o doctrina”. Señores míos, eso en Irán es un delito que se paga con la vida. Incluso, cuando nunca se haya sido musulmán. ¿Se puede llamar democracia a eso? ¿Qué se puede esperar de un país que ha declarado la guerra a Israel  y a su gente y ha prometido borrarlos de la faz de la tierra porque son JUDÍOS? Es una política peor que el fascismo.  He visitado Israel y existen y practican libremente su fe los judíos, judíos mesiánicos, evangélicos, católicos, y musulmanes y los mismos son son respetados en territorio israelí, cosa que no ocurre con los ciudadanos de Israel cuando entran en territorios con autoridad Palestina, aunque están en medio de la nación de Israel.

Pero como dijera Martin Luther King Jr. “Lo que me duele no es la maldad, sino la indiferencia de los buenos”. ¿Qué estamos haciendo como cristianos para denunciar las atrocidades y los crímenes de estos regímenes en el mundo? Hoy hablamos de Irán, pero ese es solo el comienzo de la lista, están Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Laos, China y… la lista sigue y se nutre con nuevos tiranos. El modelo democrático al parecer no funciona adecuadamente en cuiertas partes del mundo, pero el evangelio es el mismo.

¡Qué difícil les resulta entender a esta gente que Dios creó al hombre LIBRE, tan libre que hasta le dio la opción de pecar si lo decidía! Cristo nos hace libres, a pesar de las cadenas y la sombra de la horca por eso Youcef  es libre aunque este encerrado en una mazmorra oscura y maloliente.

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La antigüedad del pueblo de Israel

 La arqueología es una ciencia que tiene por objeto reconstruir la historia de las civilizaciones que existieron antes que nosotros, a partir de los restos materiales que esas civilizaciones dejaron. Como resulta fácil comprender, a medida que retrocedemos más en el tiempo, las cosas son un poco más complicadas y menos exactas.

Uno de los aspectos que más se discuten entre los círculos de los arqueólogos profesionales son las fechas. Esto es importante ya que nos ayuda a comprender el contexto histórico- social en el que determinado hecho ocurrió o en el que determinado grupo humano vivió y se desarrolló, así como los retos que enfrentaba un determinado grupo en un período de tiempo especifico.

 Los arqueólogos usamos muchos medios en nuestro trabajo: referencias escritas, tradición oral, restos encontrados en el en el campo, pictografías, entierros, etcétera. Para establecer las fechas también hay muchos métodos, entre ellos: El carbono radioactivo (carbono 14; carbono 12) la dendrocronología, la geología, los perfiles estratigráficos, y otros métodos muy sofisticados. El problema es que todo esto lo que hace es hacer comparaciones con ciertos patrones que se establecen, basados en hechos que se dan por ciertos, pero que en verdad son puras teorías ya que los patrones de comparación han sido establecidos basados en hipótesis. De manera que lo único que sí es cierto, ciento por ciento, es que alguna cosa puede ser más antigua que otra con la que se compara. Lo demás, tiene un margen de tolerancia que puede ser a veces, muy grande.

 Así ocurre también con la arqueología bíblica. Hay hechos que están muy bien ubicados como, el ministerio y la crucifixión de Cristo, pero a medida que nos adentramos en el Antiguo Testamento, las cosas no son tan claras ni tan definitivas, y muchas veces se han establecido “acuerdos” o se aceptan fechados que no son definitivos. No voy a entrar siquiera en lo relativo a la inexactitud real de los fechados y los elementos de contaminación que pueden alterar estos métodos que han sido aceptados desde hace muchos años.

 Uno de los métodos que se sigue apreciando es el de las referencias escritas en fuentes antiguas. Cuando digo escritas me refiero a cualquier manifestación, bien sea escritura jeroglífica, cuneiforme así como pictogramas, esculturas o tallas. Hace dos años cuando visité el Museo del Cairo en Egipto tuve la oportunidad de ver la Estela que generalmente se reconoce como la más antigua referencia que existe en fuentes fuera de la Biblia sobre la existencia del pueblo de Israel. Los expertos en escritura jeroglífica han indicado con mucho énfasis que con un margen muy pequeño de error se puede ubicar esta referencia histórica entre los años 1210 y 1205 a.C.

 En estos días los egiptólogos están muy atareados pues todo parece indicar que existe otra estela mucho más antigua que también menciona al pueblo de Israel, lo cual Hace que las teorías de algunos Académicos se vengan al suelo y que los escépticos en este campo, tengan que reconocer que la Biblia es una fuente MUCHO MÁS confiable que lo que algunos estaban dispuestos a admitir.

 La estela en cuestión se encuentra en el Museo Egipcio de Berlín y el investigador de la Universidad de Munich especializado en egiptología y Biblia Hebrea Manfred Görg ha estado estudiando la misma, estableciendo una antigüedad de unos 200 a 300 años más de antigüedad para la presencia de Israel como pueblo en Egipto siendo sojuzgado por el faraón en el poder.

 Cada día los científicos tienen que reconocer que muchas de las cosas que decían, no eran ciertas y que la Biblia, TENIA RAZÓN…

 

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Nuestro significa que pertenece a más de uno…

Cuando vine a vivir a este país, hubo dos cosas que llamaron mi atención de manera especial. Primero que aquí las personas siempre estaban comiendo, lo cual hacían en todas partes; ya fuera conduciendo un vehículo, en el cine o en el parque; en fin, en cualquier lugar. Y segundo, aunque no por eso de menor importancia, sino tal vez lo más importante, el individualismo, es decir, la filosofía de LO MÍO.
No recuerdo que en mis años de infancia alguna vez se me dijera, ni siquiera: “usa TU cepillo de dientes”; y claro está que mi cepillo era solo mío, pero me decían: “usa EL cepillo de dientes”. Pero en este país se habla siempre de TU o MI. Desde los zapatos, el automóvil, la ropa, la casa, los libros, la Biblia, la computadora, la oficina, y cuanta cosa usted pueda imaginar. Es verdad que a diferencia de muchos de los países del mundo, donde tener un automóvil es un gran privilegio familiar, aquí no se concibe la vida sin que cada cual; después de los dieciséis años, tenga su propio automóvil y que además haya en algunas casas un llamado “second car”, que no es ni más ni menos que un automóvil para cuando alguno de los otros autos, se rompe. Pero lo trágico es que la referencia no se hace a manera de distinción, sino para establecer los límites.

Con estos antecedentes nos enfrentamos a la segunda palabra usada por Jesús en el formato de oración dado a sus discípulos y por medio de ellos a nosotros. Tenga presente que Jesús es el HIJO UNIGÉNITO de Dios, ¡no hay otro! Él pudo haber dicho PADRE MÍO… En realidad nosotros no éramos hijos de Dios. Por medio de la muerte expiatoria de Jesucristo es que podemos ser ADOPTADOS como hijos del Padre celestial, sin embargo el dice [Padre] NUESTRO…

Por favor, vamos a leer de nuevo Mateo 6:9-14, y lo haremos muchas más veces durante esta serie de estudios bíblicos.

<em>…Vosotros, pues, oraréis así: Padre NUESTRO que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11El pan NUESTRO de cada día, dánoslo hoy. 12Y perdónanos NUESTRAS deudas, como también NOSOTROS perdonamos a NUESTROS deudores. 13Y no NOS metas en tentación, mas LÍBRANOS del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.</em>Se percata que todos los pronombres están usados en la primera persona del plural. ¡Aquí sí que no hay individualismo!
Padre <strong>NUESTRO</strong>
El pan <strong>NUESTRO</strong>
<strong>NUESTRAS </strong>deudas
<strong>NOSOTROS </strong>perdonamos
<strong>NUESTROS </strong>deudores
No <strong>NOS </strong>[a nosotros] metas
<strong>LÍBRANOS </strong>[a nosotros]

No creo que esto sea una “casualidad” y le puedo asegurar que no se trata de un asunto de estilo, no se trata de lo que en español llamamos un “plural de cortesía” como una forma estilística literaria. En este caso el PLURAL es real y está explícito.

¿Qué pudiera significar entonces el uso del plural por parte de Jesús? Pienso que Él les estaba recordando a los discípulos que ellos no eran “entes independientes”. Este no era un modelo para ser usado por una sola persona, sino por un GRUPO de discípulos, y en cierta medida, les estaba anticipando que serían parte de un grupo mucho mayor: La iglesia de Cristo. Esto me lleva a otra consideración a la luz de los escritos del Nuevo Testamento, en especial los del apóstol Pablo, y es que aunque hagamos la mayor parte de nuestras oraciones, en privado y solos, debemos tener presentes en ellas a los otros miembros de la comunidad de creyentes.
Así que nuestro Señor Jesucristo usó en la “oración modelo” los pronombres en plural. Ahora quiero que por un minuto reflexione en la manera en la cual usted ora. Piense cuántas veces en sus oraciones diarias a Dios, usted usa las palabras yo (pronombre personal primera persona del singular), mi y mío. ¿Cómo cree que cambiarían esas oraciones a Dios, si comenzara a usar NOSOTROS, NUESTRO, DE NOSOTROS, etcétera?

Espero que el Espíritu Santo le revele lo mismo que me rebeló a mí: ¡Tenemos que orar por nuestros hermanos en Cristo! Todos nosotros conocemos personas, en nuestra iglesia, en nuestra clase de la Escuela Dominical, en nuestro grupo pequeño de discipulado o en nuestra célula de estudio bíblico, incluso tal vez en nuestro centro de estudios o trabajo o en nuestro barrio; hermanos en la fe que están atravesando por dificultades, por enfermedades, problemas con el matrimonio, problemas económicos, falta de empleo, situaciones legales, problemas migratorios, problemas con familiares en otros países, y la lista de problemas es interminable. Tengo la convicción de que nosotros, como partes de la comunidad de creyentes, debemos estar orando constantemente los unos por los otros.

Esto indudablemente que tiene más de un beneficio. En primer lugar, nos permite ejercitar nuestra capacidad de preocuparnos por otras personas e interceder por ellas ante Dios, Y SOLO ante Él, solicitando ayuda y sanidad. Esto nos debe animar a todos a tener una expectativa reverente que nos permita poner nuestros sueños y nuestros sufrimientos, así como los de nuestros hermanos en Cristo, en las manos de Dios, para que Él cumpla SU VOLUNTAD en nosotros y por medio de nosotros. También es importante que notemos que esta actitud nos ayuda a pensar en los demás olvidándonos un poco de nosotros.

Con el tiempo, se va a sorprender al notar que va a emplear más tiempo pidiendo por los demás que pidiendo por sus necesidades personales, y al mismo tiempo notará que sus necesidades serán satisfechas como nunca antes. La explicación que encuentro para esto, es que Dios nos recompensa cuando comenzamos a pensar de la manera que Él piensa, ya que ponemos su Reino por encima de nuestros intereses individuales.
Podemos ir todavía más lejos, ya que nuestras necesidades personales se llegan a convertir en oportunidades para interceder por otros. ¿Qué quiero decir? En la medida que oramos por nuestros hermanos y nos familiarizamos con sus luchas, problemas y necesidades e intercedemos por ellas, cuando oremos por nuestras <strong>NECESIDADES PERSONALES</strong>, en muchas ocasiones, recordaremos las necesidades de nuestros hermanos y pediremos también por ellas.
¿Recuerda 1 Pedro 5:9? “…sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”…

Así que no somos los únicos que estamos enfrentado este o aquel problema, por más grave que sea o parezca, por más terrible que sea la enfermedad, las tentaciones, los fracasos y frustraciones, las traiciones… Lo más probable es que usted no conozca por nombres a otras personas que estén atravesando por la misma situación que usted está pasando, pero Dios sí los conoce, el sabe de alguien, en algún lugar que ahora mismo está enfrentando un problema similar al suyo, es probable que esa persona esté necesitando saber que Dios se preocupa por ella. Cuando ore por sus necesidades, incluya a otros que estén pasando por situaciones similares.
En muchas ocasiones Dios ha contestado a mis oraciones con un versículo bíblico, con un himno o canción religiosa o con un mensaje. ¿Ha tenido usted alguna experiencia similar? Muchas veces cometemos el error de pensar que esa “palabra” es para nosotros y nos olvidamos que también es para otros. Cuando después de un periodo de oración se sienta más fuerte y cerca de Dios, no guarde esta bendición solo para usted, ayude a sus hermanos en la fe que estén necesitando tener una experiencia similar. Pídale a Dios que le muestre a alguien que necesite de su ayuda y dispóngase a ayudar. Desde hace muchos años adopté la costumbre de reflexionar cada día en UN VERSÍCULO de la Biblia. Solo uno. Esto es independiente a los estudios que hago, a los pasajes de la Escritura que tengo que leer a diario como parte de mi trabajo, a los que leo para hacer mis escritos, etcétera. Dios me ha hablado de muchas formas por medio de este versículo SOLITARIO. Hace un tiempo, decidí compartir estos versículos con mis colaboradores y amigos y desde hace unos meses, lo hago cada mañana en FaceBook. No tiene idea de la cantidad de mensajes que recibo de hermanos y hermanas en todo el mundo que han sido ministrados por ese versículo que también me ministro a mí. Así que no se guarde las bendiciones, compártalas, pues somos parte de una COMUNIDAD de creyentes.

Los que vivimos en los Estados Unidos de Norteamérica, si fuimos perseguidos en nuestros países y discriminados a causa de nuestra fe, en poco tiempo solemos olvidar los malos tiempos y tratamos de borrar los malos recuerdos. Según el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, los cristianos hoy día sufren de discriminación y maltratos en unos sesenta países en el mundo. Sería bueno que recordáramos en oración e intercediéramos por nuestros familiares, amigos, conocidos y hermanos en la fe incluyendo a los desconocidos que sufren discriminación y maltratos por causa de su fe en Jesucristo.

¿Cuántas veces ora por su pastor durante la semana? ¿Y por los líderes de la iglesia? ¿Y por los pastores de otras iglesias? Pero no solamente debemos orar por ellos, también debemos de orar por todos aquellos que están sirviendo al Señor con sus dones y talentos; cantando en el coro, enseñando en la Escuela Dominical, liderando un grupo pequeño, visitando a los enfermos, ministrando a los necesitados, y en todas y cada una de las tareas que el ministerio cristiano tiene.
Déjeme poner tres ejemplos bíblicos para que usted trate de identificar a favor de quién oraron estos personajes:

El Hombre de Dios en 1 Reyes 13:6
Samuel en 1 Samuel 7:5-6
Moisés en Números 12:10-13

Pienso que la norma debe ser orar por otros, según oramos por nuestras propias necesidades. Piense que si sus oraciones se limitan a las cuentas que usted tiene que pagar, los problemas de sus hijos en la escuela, sus problemas de trabajo y alguna que otra necesidad, tal vez sus oraciones sean demasiado “insignificantes”. ¿Por qué? Porque cada semana adoramos rodeados de cientos de hermanos en el culto de adoración, nos relacionamos con decenas en nuestra clase de la Escuela Dominical. Conocemos a muchos de ellos por nombres, debemos de orar por ellos, porque ellos necesitan nuestras oraciones.

Quisiera que la semana que viene volviéramos sobre la primera palabra, PADRE, para ver algunos otros aspectos que no he mencionado…
<em>
Señor, enséñanos a orar…</em>

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Padre nuestro…

La prensa esta semana ha traído noticias de la masacre cometida en Nigeria por musulmanes contra cristianos en represalia por la matanza de unos trescientos musulmanes muertos a manos de cristianos hace unos meses. Nigeria está dividida por el odio y el crimen entre los musulmanes y los cristianos. ¿Dije “cristianos”? Yo no me considero con autoridad, ni conocimientos suficientes para ponerme a opinar acerca de este delicado asunto, sin embargo no encuentro en la Biblia un solo pasaje que justifique semejante acción. Las órdenes dadas al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, tenían un fin muy especial: Preservar al pueblo de Dios para que de allí pudiera nacer el Mesías que vendría a redimir el mundo. Este no es el caso de la iglesia en el Nuevo Testamento. Desafortunadamente, las cruzadas, la inquisición y otros muchos males, que no tienen fundamentos bíblicos, han dado lugar a este tipo de acciones.

La fe cristiana ha sido influida por el mundo, en lugar de ella influir en el mundo. El desconocimiento y la superficialidad se han adueñado de los que dicen profesar nuestra fe, añadiendo también una buena dosis de de intolerancia. Los problemas y las pasiones del mundo se han apoderado de nosotros. Estos ingredientes, por separado, pueden pasar inadvertidos, pero cuando usted los combina, el “coctel” resultante es explosivo y venenoso. Y todavía nos preguntamos, ¿por qué Dios no oye nuestras oraciones?

¿Ha sido malentendido alguna vez? ¡Yo sí! Y por cierto, más de una vez. La última ocasión en la que me ocurrió esto fue hace poco. Se trata de una persona que al parecer ha abrazado el cristianismo. Hizo profesión pública de fe y se bautizó en una iglesia cristiana. Su vida no muestra muchas señales de un nuevo nacimiento, pero eso es un asunto muy difícil de dilucidar. El problema es que esta persona, al parecer, sigue confiando en las imágenes y haciéndole promesas a la “la virgen”. Se me presentó la oportunidad de hablar con esta persona y le di una cita para conversar con ella. Esa semana me dediqué a orar pidiendo sabiduría para abordar tan delicado tema y durante la semana, me vi muchas veces, en mi oficina, practicando lo que le diría y cómo se lo diría para que la persona no se fuera a ofender, entendiera el mensaje que yo le daría y a la vez, para no callar nada de lo que yo debía decir. Pensé muchas veces en la manera de explicarle a esta persona que no se puede adorar a Dios y a los santos a la vez y cómo podía hacerle entender que mientras que no hiciera una decisión firme y definitiva por Cristo, este no era, en realidad, su Señor ni su Salvador. Llegó el esperado día de la cita, fui lo más dulce que puedo ser y lo más claro que jamás he sido con alguien. Pensando en la responsabilidad que yo tenía si esta persona muriera esta noche y no tuviera otra oportunidad de que otra persona le pudiera presentara el evangelio nuevamente. ¿El resultado? Sí, adivinó, ¡la persona no entendió y toda la familia se siente ofendida conmigo!

¿Qué falló? No lo sé. ¿Era buena mi intención? Claro que sí. ¿Por qué Dios no me respondió como yo esperaba? ¿Es que acaso Dios está esperando que esta persona haga una decisión y se acabe de decidir? La moraleja de esta historia es que la voluntad y los designios de Dios va mucho más allá de nuestra comprensión y entendimiento.

Leamos Mateo 6:9: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos”…

La manera en la cual nos acercamos a una persona, es de suma importancia. Observe cómo Jesús inicia la oración: “Padre nuestro que estás en los cielos”. El Maestro pudo haberles dicho a sus discípulos que LE ORARAN A Él, o que le oraran al Espíritu Santo, ¿no cree? ¿Y qué de pedirle a la “virgencita” o a los “santos”? ¿No cree que a lo mejor una buena “brujería” pudiera ser una “ayudita”? Por ilógica e irracional que esto parezca, es lo que algunos están haciendo. El Hijo de Dios, en su única enseñanza a sus discípulos acerca de la forma en la que debían orar les dice que ¡DIRIJAN SUS ORACIONES AL PADRE, a nadie más!

Tengo un buen amigo que tenía en su oficina una foto que se tomó con el presidente George W. Bush. Cualquiera que vea esta foto, puede pensar que George W. Bush es su amigo personal. Sin embargo, mi amigo no lo conoce, lo que sucedió fue que él estaba en el lugar adecuado en el momento preciso y el Presidente, fue muy gentil al permitirle tomarse una foto con él. Yo tengo, como uno de mis más preciados galardones, un diploma llamado el Certificado de los Presidentes, firmado por el Presidente en funciones en aquel momento George Bush (padre) y por cuatro ex- Presidentes de los Estados Unidos. Yo no tuve el honor de conocer al Presidente Bush, ni a ninguno de los cuatro ex-presidentes que firmaron mi certificado, pero mi labor como capellán voluntario en cuatro centros penitenciarios del estado de New Mexico fue reconocido con este Diploma, en un acto celebrado en honor de todos los capellanes voluntarios del Estado por el Gobernador.

A lo mejor usted tiene una foto con algún cantante o artista famoso. Yo me siento orgulloso de tener un familiar que es una escritora de fama nacional y que ha sido reconocida por el New York Times y por Hispanic Business, entre otros muchos reconocimientos y galardones que ha recibido, fue nombrada una de las Cien Hispanas más influyentes en los Estados Unidos, y yo me siento muy orgullosos de ser su “pariente”. Tal vez los seres humanos somos dados a pensar que nuestra cercanía o relación con una persona importante, nos confiere importancia a nosotros.

¿Se ha puesto a pensar alguna vez, que gracias a Jesucristo podemos pasar TODO el tiempo que queramos en la PRESENCIA del CREADOR del universo? Voy a separar las dos primeras palabras de la oración modelo para ver en detalles su importancia para nosotros, pero primero quiero que las veamos unidas para que podamos experimentar toda la grandeza que encierran: PADRE NUESTRO…

La oración no es más que el privilegio que tenemos como hijos, de comunicarnos con nuestro Padre. Pero observe que este no es un ¡DERECHO HUMANO! No es algo que podamos negociar o exigir. No es tampoco algo que podamos comprar o merecer, basados en acciones que podamos hacer. ¡La oración es un PRIVILEGIO que solo es posible acceder por medio de la obra redentora de Jesucristo! No se llame a engaños, si Jesucristo no ha redimido su vida, si Él no es su Único Señor y Salvador, ¡usted NO PUEDE LLEGAR hasta el trono de Dios! Nuestros pecados NOS separan del PADRE, y solo por la obra redentora del Hijo, es que podemos llegar hasta Él. Leamos Hebreos 10:19-20: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne… [Si no está familiarizado con el lugar Santísimo y el velo, busque en los archivos de este blog la serie de estudios bíblicos que hice sobre el Tabernáculo, en los cuales analizo, en detalles, este aspecto]. De forma muy sintética le puedo recordar algunos detalles: Después que el pueblo de Israel salió de su esclavitud en Egipto y cuando apenas comenzaba su peregrinar por el desierto, Dios le ordenó a Moisés construir un Tabernáculo con dimensiones, materiales y formas muy precisas. Uno de los objetos mandados a construir fue el Arca del Pacto, dentro de la cual había algunos objetos como un recordatorio permanente al pueblo de lo que Dios había hecho por ellos. Esta Arca se colocó en el Lugar Santísimo y fue protegida con una gruesa cortina o velo hecho con materiales, ornamentos y colores especiales. Luego Dios vino a “morar” con su pueblo y la “gloria de JVHV” (SEÑOR traducido también Jehová o Jehovah) vino sobre el Arca en forma de columna de nubes de día y de una columna de fuego de noche que guiaba al pueblo de Dios. Solo el Sumo Sacerdote podía, una vez al año, entrar al lugar Santísimo para orar a favor del pueblo en la presencia de Dios. [Vea el libro de Éxodo capítulos 25 al 40 y Hebreos capítulos 9 al 13]. Ese fue el velo o cortina que se rasgó a la mitad cuando Jesús expiró en el Calvario. Así, por medio de la muerte expiatoria de Jesucristo tenemos acceso al Lugar Santísimo y a la presencia de Dios. Nuestro Padre Celestial no admite el pecado en su presencia, de manera que nosotros, siendo pecadores, solo podemos llegar ante Él, mediante el sacrificio de Cristo. Entendiendo así que la oración es un PRIVILEGIO exclusivo de los redimidos.

Tal vez se pregunte, si esto es así, ¿cómo puede un pecador orar para obtener el perdón? Dios conoce nuestros corazones y pensamientos. Cuando una persona reconoce sus pecados y se arrepiente de ellos, esa convicción le coloca en una posición de humildad y entrega total; entonces se puede clamar por perdón y la Gracia de Dios, por medio de la sangre de Jesucristo, nos limpia de todo pecado. Ahora bien, perdónenme si les ofendo con lo que voy a decirles ahora. No se llame a engaños, REPETIR lo que alguien dice en una oración o leer una oración hecha por otra persona es SIMPLEMENTE VANA PALABRERÍA, y nadie puede ser salvo por hacer eso.

¿Se da cuenta de que no podemos entrar a la presencia de Dios sin tener presente que SOLO podemos entrar gracias al sacrificio que hizo Jesús al morir en la cruz por nosotros, por vencer la muerte resucitando de los muertos dejando la tumba vacía, y por haber ascendido hasta el cielo para estar a la diestra del Padre? Esta es la razón (EL MOTIVO) por la cual, al terminar de orar decimos: “En el nombre de Cristo”. ¡Estas palabras tienen un gran significado! Pero tenga mucho cuidado, esto no es como el sello de correo que le ponemos a una carta que nos garantiza que la misma va a llegar al lugar que hemos indicado en la dirección. El “franqueo” de nuestra oración fue pagado a un precio sumamente alto. Quiero que ponga mucha atención a esto que le voy a decir ahora: Nosotros no debemos decir, en el nombre de Cristo, solo al final de nuestra oración, sino DESDE EL PRINCIPIO. Debemos orar EN SU NOMBRE, con la actitud de nuestros corazones. Nuestros corazones deben estar en plena armonía con nuestro Señor y Salvador.

Es necesario que entendamos que Jesucristo no es el PORTERO de la “puerta” de las oraciones. Él no está vigilando para ver quién intenta acercarse al Padre. La Biblia nos enseña algo muy diferente, dice en Hebreos 7:25: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. Y el Espíritu Santo, el tercer miembro de la Trinidad (Dios en tres personas, cada una con distintas funciones, pero siendo UNO en el Padre) nos acompaña cuando entramos a la presencia del Padre, veamos lo que dice Romanos 8:26: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

Para mí resulta evidente que la oración no es algo que los seres humanos sabemos hacer por naturaleza. Esta fue la razón por la cual los discípulos le pidieron al Maestro que los enseñara a orar, y el motivo por el cual Jesús les enseñó a hacerlo. Esta es la misma razón por la cual, todos aquellos que hemos tenido inquietudes acerca de la oración venimos al Maestro por ayuda y dirección. Esta es la razón por la cual; Él nos dio la Oración Modelo, no para que la repitiéramos como “loros”, sino para que siguiéramos ese modelo o patrón. Por esta razón también entró al lugar Santísimo abriendo el velo con su sangre al ser obediente hasta la muerte, y está sentado a la diestra del Padre intercediendo por cada uno de nosotros, los que lo hemos recibido como Señor y Salvador. Esta es también la razón por la cual el Espíritu Santo intercede por nosotros, poniendo en nuestros corazones los motivos por los que debemos orar. Dice el apóstol Pablo en Hebreos 7:25: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él [Jesucristo] se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.

Tal vez nunca haya pensado en esto que le voy a decir y de lo cual estoy plenamente convencido. Cada vez que usted eleva su corazón y su mente y clama: “Padre celestial” o “Padre nuestro” está situándose en la Santa y maravillosa presencia de Dios. Debe recordar entonces, que el privilegio de poder orar a Dios, no es algo que se pueda tomar a la ligera. Esto tuvo un precio muy alto: Le costó TODO a Jesucristo. Él nos ha dado mucho más de lo que alguno de nosotros merece.

¡Señor, enséñanos a orar!

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Algo que debemos tener presente

Quisiera comenzar esta semana haciendo una especie de repaso para que meditemos un poco en lo que estudiamos la semana pasada. Si usted no estuvo con nosotros, por favor, cierre esta página y vaya a la de la semana anterior en este mismo sitio.
Marque todas las opciones que usted crea que se apliquen a usted.

CUANDO ME PIDEN QUE ORE EN PÚBLICO YO:
____ Me siento muy a gusto
____ Cambio el vocabulario y/o el tono de la voz
____ Deseo que mis palabras ejerzan influencia en los demás
____ Me siento muy asustado
____ Me preocupa lo que los que me están oyendo puedan pensar de mí
____ Tengo que batallar mucho con lo que voy a decir
____ Oro de la misma manera que cuando estoy solo
  

Por favor vuelva a leer Mateo 6:5

Mientras preparaba este estudio se me ocurrió buscar, para tener una idea, los trabajos o libros publicados sobre la oración, y encontré esta interesantísima información: En Google hay 8, 620, 000 artículos en español que tratan sobre la oración y 91, 000, 000 artículos sobre el mismo tema en inglés.  Yahoo por su parte tiene 28, 600, 000 artículos sobre la oración en español y  286, 000, 000 en inglés.  La cantidad de libros escritos es también impresionante. Sin embargo, fíjese que la Oración Modelo de Jesús tiene apenas 75 palabras en la versión Reina-Valera 1960. Pero tal vez estas sean las 75 palabras de la Biblia que más mal se han usado e interpretado en toda la historia del cristianismo.
 
He escuchado en un acto público usar esta oración y pedirles a todos los asistentes, cristianos y no cristianos que la repitan. La he visto colocada en la cabina de un chofer de taxi en Hong Kong y en la gorra de un taxista en Los Ángeles en California.  La he visto en un ascensor de un hotel en Seúl, en Corea del Sur y en un tranvía en Melbourne en Australia. Se la he visto en la billetera a un amigo que es miembro de una iglesia evangélica y a un santero vestido de blanco y lleno de collares con cuentas de colores. Una persona me dijo hace poco que si no repite esta “oración” cuando se acostaba, no podía dormir. He visto varias películas en las que ante diferentes situaciones, la gente repite esta “oración”.
Recordando de nuevo algo de lo que vimos la semana pasada, fíjese que esto que Jesús les dio a sus discípulos para que les sirviera como una guía, se ha venido a usar en los tres sentidos en los que veíamos que la oración podía ser mal usada y que por lo tanto no recibía respuesta de Dios:

• Usada en público  <strong>(La oración FALSA)</strong>
• Repetida sin pensar en lo que se dice <strong>(VANAS REPETICIONES)</strong>
• Y muchas veces no se usa nunca <strong>(UNA OBLIGACIÓN)</strong>

De manera que la llamada Oración Modelo es susceptible de que se cometan con ella, los tres errores que señalamos la semana pasada.
 
 La Oración Modelo, mal llamada el Padre Nuestro, no es algo para aprender de memoria, para repetir antes de la comida o al ir a la cama, ni tampoco  es para repetir muchas veces para expiar los  pecados cometidos. Recuerde que dijimos que <strong>LA ORACIÓN ES UN HERMOSO PRIVILEGIO QUE NOS PERMITE CONVERSAR CON EL PADRE. </strong>
Leamos Mateo 6:9-13

<em>9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.</em> (Reina-Valera 1960, Biblia Ilumina en Español, Caribe-Betania Editores, Usada con Permiso.)

Observe que hay una progresión en esta oración. Comienza con una alabanza, sigue una promesa y va a hacer peticiones y reconocer la autoridad divina del Padre. Es una enciclopedia de oración en setenta y cinco palabras. Note algo más que considero que tiene una importancia vital: ¡Esta oración es de la manera que Jesús quiere que sean nuestras oraciones! Es una comunicación consciente con el Padre en la cual abrimos nuestros corazones y le invitamos a Él a tomar el control de nuestras vidas y a realizar sus propósitos en nuestras vidas y por medio de nosotros, a la vez que nosotros nos comprometemos al avance de su Reino.

He hablado con muchas personas acerca de la oración. Tal vez esta sea una de las doctrinas que menos entienden muchos creyentes, pero sin duda, ¡la que menos creyentes reconocen que no entienden! Déjeme pedirle que busque Juan 15:5. Observe la alegoría usada por el Maestro en un país en el que las uvas son una de las bendiciones de la tierra. ¿Qué dice Jesús que es? ¿Quién dice que somos nosotros? ¿Qué sucede cuando estamos unidos a Él? ¿Qué dice que podemos hacer por nosotros mismos? ¿Se da cuenta? Por nosotros mismos lo único que podemos hacer es ¡NADA!
Entonces, la efectividad de nuestras oraciones ¡NO DEPENDE DE NOSOTROS! Déjeme aclarar lo que quiero decir. Si analiza detalladamente el plan general de Dios para la humanidad, queda claro que el asunto no depende de nosotros sino de Él. Es Dios el que nos salva POR SU GRACIA, NO POR NUESTRAS OBRAS, es decir, no por algo que podamos hacer. ¿De acuerdo? Entonces ¿qué nos hace pensar que la efectividad de nuestras oraciones depende de la cantidad de fe que tengamos? ¿No le parece que es como si fuera necesario que nosotros HICIÉRAMOS ALGO para complementar la gracia de Dios? La efectividad de nuestras oraciones DEPENDE DE DIOS, que es quien nos da la fe para que DEPENDAMOS POR ENTERO de Él. Esta es la fe que nos ayuda a entender la promesa y la advertencia de Jesús en Juan 15:5: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”…

Pienso que Jesús enseñó a orar a sus discípulos para que ellos pudieran enseñar a orar a otros. Lo mismo debemos hacer nosotros. Debemos aprender, para enseñar a otros. ¿Se imagina el poder que pudiera tener el Pueblo de Dios orando de la manera adecuada?

Tengo un amigo editor que es piloto y construyó un pequeño avión en el garaje de su casa. El aparato fue inspeccionado por las autoridades aeronáuticas y le concedieron el permiso de vuelo. No obstante, cuando el avión tiene ciertas horas de vuelo, debe ser sometido a una rigurosa inspección. Este amigo es una persona muy intranquila y siempre anda a la carrera. Sin embargo, da gusto verlo inspeccionar el avión antes de salir de vuelo. Es un aparato pequeño que él construyó con sus manos. Casi recuerda cada tornillo y cada remache que puso, pero sigue meticulosamente un protocolo de inspección del avión. De la misma manera, cuando se sienta en el puesto del piloto, y antes de arrancar el motor de la nave, cheque meticulosamente cada uno de los controles y manómetros. Un día le dije: “¿Dale y tú siempre haces este tipo de chequeo? A lo que me respondió: “más me vale que lo haga”. Así que a pesar de su experiencia como piloto y de conocer el avión pulgada a pulgada, el sigue un protocolo con instrucciones para no cometer algún fallo que pudiera ser fatal.

Observe que Jesús también nos ha dado un protocolo de oración. No importa cuántas horas de práctica de oración usted tenga, esto no es suficiente para olvidar sus instrucciones. Así que amárrese su cinturón y prepárese que juntos vamos a despegar en este emocionante viaje que nos llevará a aprender a orar. ¡Allá vamos!

Hace unos años,  tenía que viajar constantemente por razones de trabajo. Viajaba tanto, que algunos días cuando despertaba, me tomaba un tiempo darme cuenta de dónde me encontraba. Tenía estatus de oro y platino en casi todas las mayores líneas aéreas de los Estados Unidos, lo cual me daba acceso a entrar al avión junto con los pasajeros de primera clase. No obstante, por mi naturaleza intranquila, siempre tenía el temor de llegar tarde. En más de una oportunidad me encontré en la línea para abordar el avión sin que se hiciera el anuncio tan esperado de que se comenzaría a abordar la aeronave. No sé si se ha dado cuenta de que para que se forme una fila en un aeropuerto, solo hace falta que un desesperado como yo y alguien más se pongan en línea.  En esas ocasiones, terribles para mí por la incertidumbre de no saber lo que pasaba,  en más de una ocasión me dirigí al empleado de la aerolínea para preguntarle qué pasaba. En el 150% de los casos, descubrí que estos empleados sabían tan poco como yo. ¡Pero eso no era suficiente para calmar mi ansiedad! De todas formas, saber lo que pasaba no iba a cambiar en lo más mínimo la situación, pero en aquellos momentos, en verdad yo no pensaba de esa manera.  Analizando las cosas fríamente, aquella actitud mía, estaba centrada en mí y no en Dios. Poco a poco Dios fue obrando en mí, mostrándome que en realidad era que yo no CONFIABA plenamente en SUS PLANES para mi vida. En realidad, Dios en su omnisciencia sabía que el avión iba a estar retrasado, o por algún motivo especial, deseaba que yo me retrasara.
 
Poco a poco fui comprendiendo que Dios podía tener actividades que quería que yo realizara bajo determinadas circunstancias. Recuerdo dos o tres historias muy especiales. En una ocasión viajaba de regreso desde California y debía hacer una conexión en el aeropuerto de Denver en Colorado. Nuestro vuelo se retrasó a causa de un mal tiempo y al llegar, ya nuestro vuelo se había ido. De manera que fuimos reagrupados en otros vuelos de acuerdo a nuestros destinos. Yo tuve que volar a Houston para de allí tomar otro avión  hasta Tennessee.  Al llegar a Houston, encontré que todos los vuelos estaban retrasados por el mal tiempo. Para ese entonces, ya yo no cabía en la ropa. No podía ni siquiera usar mi computadora portátil pues ya la batería se había agotado. Estaba cerca de comenzar a dar gritos. Cuando al fin abordamos el avión, con el propósito de calmarme y no perder los estribos, comencé a leer un Nuevo Testamento de bolsillo que siempre llevo conmigo cuando viajo. No habían pasado diez minutos cuando una jovencita, que estaba sentada a mi lado, rompió a llorar y entre sollozos me preguntó si yo era cristiano. Lo primero que vino a mi mente fue una pregunta: ¿Señor, qué hice? La joven me dijo que ella había estado suplicando que alguien le explicara cómo se podía ser cristiana pues pensaba que esa era la única manera en la que podría enfrentar las cosas que le estaban sucedido.

Ni tardo ni perezoso, usando mi Nuevo Testamento, comencé a presentarle el Plan de la Salvación,  y casi antes de terminar de hacerlo,  ella me dijo: “Yo le quiero entregar lo que queda de mi vida a Cristo”. Oramos, y el resto del viaje lo empleé en contestar las preguntas de la joven que quería aprender el evangelio de un tirón. Al llegar a Nashville le regalé mi Nuevo Testamento pues ella seguía en el avión para Chicago. Nunca más he sabido de ella, pero estoy seguro que algún día en el cielo, nos encontraremos. Esa noche, a pesar del cansancio y a pesar de que soy de los que se pueden dormir hasta de pié, no pude dormir. Me horrorizaba al pensar cómo Dios había arreglado las cosas para que aquella jovencita pudiera escuchar el mensaje de la salvación aquel día. Cómo Dios en su infinito amor y gracia, me había seleccionado a mí para ser su <strong>EMBAJADOR</strong>, y cómo yo en mi estupidez y arrogancia, casi lo hecho todo a perder por mi apuro.
 
¿Qué tiene esto que ver con la enseñanza de Jesús sobre la oración?  Pues mucho, esta y otras muchas experiencias, me han llevado a comprender que cuando el Señor en su oración dijo: “venga tu Reino” en cierta forma estaba dando a entender que si queremos ser efectivos en la oración, tenemos que estar dispuestos a ser elementos dóciles en las manos de Dios para que su Reino crezca y se consolide en la tierra. Observe que lo primero que hace Jesús es un reconocimiento y seguidamente eleva una alabanza:   “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”.  Cuando seamos capaces de darnos cuenta de que Dios se preocupa por nosotros y que nada se escapa a su control, aun los vuelos retrasados y las conexiones perdidas, entonces seremos capaces de poder decir: Señor ayúdame a ver la actividad de tu Reino en medio de estos pasajeros enloquecidos que no saben cuándo van a poder salir de este insoportable aeropuerto.  Entonces podremos decir: <em>Señor</em>, cualquier cosa que Tú deseas que haga, yo estoy listo para hacerla…

¡Señor, enséñanos a orar!

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Cuando la oración sale mal…

¿Puede haber un error en la respuesta que recibimos a nuestras oraciones? Es decir, que oramos por una cosa y recibimos otra. La semana pasada mencioné algunos ejemplos de lo que “pudiéramos nosotros” considerar respuestas equivocadas a nuestras oraciones, que en verdad no lo son. Sin embargo, es posible que nuestras oraciones no lleguen ante el trono de Dios. Tal vez, si acaso, se queden enredadas en el techo de nuestra habitación.
Me parece encontrar tres aspectos que con mucha frecuencia introducimos en lo que voy a llamar “nuestra vida de oración”. Estos aspectos son cosas erróneas que hacemos y lo único que nos garantizan es que nos sintamos vacíos, decepcionados, deprimidos y espiritualmente desconectados de Dios. Es ese sentimiento que se puede experimentar al terminar de orar que llega a ir más allá de la duda en que vamos a recibir lo que hemos “pedido”.  Estos tres aspectos, al parecer son “aspectos universales” que se aplican a todas las sociedades y culturas y además son atemporales. Hoy son tan importantes como lo fueron en los días en los que Jesús estaba en la tierra con sus discípulos, entonces se practicaban de la misma manera en la que se practican hoy.
Al primer aspecto lo voy  a llamar “UNA OBLIGACIÓN”.
Mateo 6:5ª dice: “Y cuando ores”. El primer problema por el cual la gente no se puede conectar con Dios en oración me parece obvio. Se hace difícil reconocerlo y más aun decirlo.  Pero en realidad, es un hecho muy nocivo, contagioso y que se ha expandido por todas partes. Podemos preguntarle a cualquier creyente, de cualquier edad, en cualquier país, si alguna vez en su vida se ha sentido culpable de padecer este problema, y si es sincero, tendrá que confesar que sí.
Ponga mucha atención a lo que voy a decir: El problema más grande de nuestra vida de oración, es que NO ORAMOS. Y eso, créame, es un GRAN problema.
Observe que Jesús dijo: Y cuando ORES…, lo que sin lugar a dudas implica que los seguidores de Jesús tenemos que emplear tiempo y energías en orar. La expresión “Y cuando ores” implica una OBLIGACIÓN  de nuestra parte, algo que tenemos necesariamente que hacer, algo que no es opcional o que se hace de acuerdo a nuestras posibilidades y tiempo sobrante. Esta oración gramatical tiene una fuerza mayor que si Jesús hubiera dicho: “Si tu oras”;  o “Cuando sientas deseos de orar;” o “Si te acuerdas de orar”… Sin embargo, este principio que es tan elemental, es ignorado por una gran mayoría que simplemente no lo hace, la mayoría de la gente NO ORA.
El grupo de investigaciones de George Barna en California, hizo una encuesta nacional en los Estados Unidos de Norteamérica, entre los miembros de cuatro denominaciones evangélicas. Ellos encontraron que el 25% de los encuestados reconoció que ellos NUNCA oraban. Wow, (guao) ¡NUNCA! Ese es un gran número. Si a esto le sumamos aquellos que no se sienten con valor suficiente para confesar que su vida de oración es muy esporádica, no hay que ser muy inteligente para llegar a la conclusión de que la primera razón por la que tanta gente no ve sus oraciones contestadas es PORQUE NO ORAN.
Déjeme usar una analogía y hacer algunas comparaciones. Como seguramente conoce yo soy editor. El mayor problema que tengo con algunas personas que se consideran escritores, es que nunca escriben, y aunque tengan el talento, no tienen la práctica, de manera que cuando tienen que escribir algo que se les asigna, simplemente no pueden, no les sale. ¡La práctica hace que la ejecución sea un placer y no una tortura o una obligación! Piense en un equipo de béisbol que no practique, en un cantante que no se estudie la letra de las canciones y ensaye la melodía, en una orquesta que no afine sus instrumentos, en un pianista que no se estudie la partitura, la estudie y la ensaye, en un campesino que no siembre o no le dé de comer a los animales,  en un pintor que no compre pintura. Es muy simple: ¡El no hacer una cosa, es la mejor manera de no poder hacerla!
Pero tal vez usted esté pensando, pero la oración es diferente. Nosotros estamos muy ocupados y la vida  moderna es muy agitada. Nos levantamos corriendo para llevar los niños a la escuela y correr a la oficina, salimos de la oficina corriendo para buscar a los niños a la escuela y llevarlos a las clases de natación, o esgrima, o defensa personal, o ballet o música. Salimos corriendo para pasar por el supermercado y comprar algo para la cena, llegamos a la casa y hay que sacar el perro a pasear y darle comida, hay que preparar el baño para los niños y preparar la cena, atender al conyugue cuando llega de mal talante por el ajetreo del día, cenar y prepara a los niños para que hagan los deberes (tareas) de la escuela, servir la cena, lavar los cacharros, pagar las cuentas que llegaron, preparar la ropa para el próximo día y estas cosas “hay que hacerlas, orando o sin orar”, ¿No? Hay muchos casos en los que todas estas obligaciones se comparten entre la pareja, y hay otras muchas en las que uno de los cónyuges tiene que trabajar en dos lugares para poder pagar las cuentas, limitando aun más el tiempo disponible. Pero a pesar de eso, esperamos que la oración sea EFICAZ, y esperamos que Dios nos responda de inmediato cuando un niño se enferma o se rompe el carro. Es en los momentos de crisis que nos acordamos de orar, aunque hayamos estando ignorando a Dios durante meses, y muchas veces es una oración muy rápida, al mismo ritmo de la vida que llevamos.
La falta de oración no tiene sentido y es una tontería, pero la mayoría de nosotros somos culpables de alguna vez haber dejado de orar cayendo en la práctica de esa tontería,  y cuando las cosas salen mal, entonces culpamos a Dios de no responder las oraciones, que en verdad no hemos hecho.
A veces tengo la impresión de que alguna gente, hasta cuando está enfrentando problemas, confía en que otros oren por ellos y no oran ellos mismos. Déjeme darle cuatro pasajes de las Escrituras que considero que son La Regla de Oro de la oración: 1 Tesalonicenses 5:16-17; Lucas 6:12; Hechos 1:14 y Romanos 1:9-10. Tome un momento, lea estos pasajes y ore pidiéndole a Dios que le revele en qué ha estado usted fallando en su vida de oración.
Al segundo aspecto lo voy a llamar: “La oración FALSA”.
Lea Mateo 6:5
Hace unos años fui con un colega a la reunión de la Convención bautista del estado de Arkansas. Llegamos un poco tarde por lo que decidimos esperar a un receso para entrar al salón en el que se estaba celebrando la reunión, pero nos quedamos en un pasillo cerca de la puerta de entrada, desde donde podíamos escuchar lo que estaba sucediendo dentro. Pasado un rato, me sorprendió la elocuencia del orador, el timbre exaltado de su voz, su discurso retumbaba como trueno en cañada seca, y me sorprendió el silencio que generaba y envolvía al auditorio. Le pregunté a mi amigo quién era el orador y lanzando una carcajada me dijo: “No está predicando,  es el hermano “fulano” que está orando”… No pude evitar que de inmediato un pensamiento viniera a mi mente: ¿Y a quién está tratando de impresionar este buen hombre?
Aquel incidente, me llevó a considerar muy seriamente mis oraciones en público. Tal vez los pastores y líderes eclesiásticos,  somos los peores en este sentido, al abusar de las oraciones en público y usarlas para lograr nuestros propósitos, bien sea resaltar los puntos o enseñanzas principales del mensaje que acabamos de predicar, comunicar las actividades que vamos a celebrar o lanzar un anuncio sutil de alguna nueva idea que deseamos presentarle luego a la iglesia.
Para mí, este es uno de los mayores problemas que tiene la oración pública, ya que la inmensa mayoría de la gente se preocupa más por lo que va a decir y cómo lo va a decir, que por estar comunicándose con el Padre. Piense para sus adentros cuántas de las veces que ha tenido que orar en público se ha preocupado mucho porque sea una oración que suene bonita. La forma en la que agrupamos las palabras y las palabras que usamos, vienen a ser más importantes que comunicarnos con el Padre. Por favor, lea nuevamente Mateo 6:5, este versículo me martilla cada vez que tengo que orar en público.
En el tiempo del ministerio terrenal de Jesús las cosas eran iguales a lo que son hoy día en muchos aspectos. Ser invitado para tener una oración en la sinagoga en la Palestina del primer siglo, era algo que daba mucha distinción. Al parecer existía la costumbre de que alguna gente hiciera la oración de la tarde en lugares públicos en los que podían ser vistos cuando oraban. Es evidente que el propósito principal de estas oraciones no era el de comunicarse con Dios, sino el de ser vistos, oídos, admirados y apreciados por los demás. Esta gente se deleitaba con el sonido de sus voces. Analice un momento y piense si alguna vez le ha ocurrido a usted lo mismo. Yo me he dado cuenta que muchas veces había orado preocupándome más por lo que yo pudiera decir que por estar en la presencia de Dios. Déjeme ir más lejos, en mis años de estudio en el Seminario, hubo muchas cosas que los estudiantes tratamos, a veces sin darnos cuenta, tratamos de imitar. Una de ellas era la manera en la cual algunos profesores oraban. ¡Sonaban tan bien! No creo que alguno de nosotros se planteó alguna vez que aquellas oraciones estaban mas dirigidas a nosotros que a Dios. Y lo peor es que muchos, luego hicimos lo mismo cuando pastoreábamos congregaciones.
Jesús conocía esta situación y se encargó de dejar muy claro lo que sucedía con los que oraban de esta manera, Él dijo: “…de cierto os digo, que ya tienen su salario”. Es decir, ya han recibido el reconocimiento de la gente, por lo que  eso es lo que recibirán con sus oraciones. Déjeme darle mi versión parafraseada de este aspecto. Si a usted le gusta orar en público o con otras gentes hay tres recompensa que pudiera recibir…
Si le gusta ser reconocido, bien, agarre el reconocimiento…
Si le gusta sentir la aprobación de los demás, magnifico, disfrútela…
Si le gusta que le digan que usted es estupendo, pues déjeme decirle que usted es estupendo…
No quiero en manera alguna sonar sínico, solo deseo que piense que eso fue lo que Jesús dijo.
Lea los siguientes pasajes: Mateo 1:35; Marcos 6:46-47; Lucas 5:15-16 y Lucas 9:18.
Recuerde que la recompensa para aquellos que prefieren orar en privado es diferente. En el caso de los “hipócritas” la recompensa, en última instancia, viene de ellos mismos. Este es el tipo de recompensa que vale por un minuto pero es incapaz de satisfacer las crecientes demandas del orgullo. Pero para los humildes y puros de corazón, la recompensa por sus oraciones viene de Dios que ve lo que hacemos en secreto.  La mayor recompensa es poder estar en la gloriosa presencia de nuestro Dios.
No me malentienda. No estoy diciendo que no podamos orar en público. El mismo Jesús lo hizo muchas veces, la hizo cuando bendijo los panes y los peses para alimentar a la multitud. En el libro de Hechos encontramos en muchas ocasiones a la iglesia orando en público. El asunto no es orar en público, el problema es “orar para impresionar”. Tanto cuando oremos en privado como cuando lo hagamos en público nuestro principal objetivo tiene que ser comunicarnos con el Padre para recibir la recompensa de su presencia.
Una vez más piense, ¿no recuerda haber orado recordándole a Dios los acontecimientos que acaban de publicar las noticias internacionales? En verdad ¿cree que Dios necesita que usted le informe de lo que pasa en el mundo? ¿No será que usted está tratando de impresionar a los que tiene a su lado para que sepan que usted está al día? ¿Recuerda haberle dicho a Dios todo lo mucho que quiere a alguien que está cerca de usted cuando está orando? ¿Cree sinceramente que Dios necesita que usted se lo diga en público? Recuerde que Dios conoce nuestros corazones. ¿Alguna vez le contó a Dios en una oración pública todos los trabajos que pasó para resolver algún asunto? ¿De verdad piensa que Dios no lo sabe? ¿No será que usted desea que los demás se enteren de su heroicidad? No olvide, los que así oran, ya tiene su pago… Y lo reciben aquí en la tierra, y por cierto es muy efímero.

Al tercer aspecto lo voy a llamar las oraciones con VANAS REPETICIONES.
Lea Mateo 6:7
Recuerde que hace tres semanas, cuando comencé esta serie de estudios bíblicos, pedí disculpas y les dije que mi intención no es ofender a alguien, pero que considero mi deber expresar lo que pienso,  basado en mis estudios de la Biblia, de manera que sigamos adelante.
En el primer siglo, tanto los griegos como los romanos tenían un sistema de oraciones a sus dioses en los que se mezclaban la “forma” y la magia. Ellos creían que cada uno de los muchos dioses que tenían controlaba algún aspecto de la naturaleza, pero no tenían control sobre su propio temperamento. Bajo estas creencias, las oraciones eran una especie de “bálsamo” para calmar la ira y el furor de los dioses y pedir su favor. 
Los adoradores paganos acostumbraban a repetir sus oraciones una y otra vez, para llamar la atención de los dioses y para recordarles, en caso de que hubieran olvidado lo que le habían pedido. Repetían también sus oraciones a fin de que si sus dioses no les habían escuchado la primera vez, tal vez les escucharan en otras oportunidades y por eso insistían. Ellos repetían sus oraciones sin cesar para tratar de convencer a sus dioses de que lo que estaban pidiendo merecía una respuesta positiva a su favor.
Este tipo de oraciones no tiene nada que ver con la perseverancia en la oración a la que Jesús luego se refiere. Los gentiles consideraban que había un cierto poder mágico en la oración en sí. De manera que no era un simple hecho de repeticiones, sino que había una cierta manera y ciertas palabras que debían repetirse de cierta forma para obtener el favor de los dioses.  Ellos consideraban que mientras más veces y más fervientemente repitieran sus oraciones, más oportunidades tenían que fuesen respondidas.
Hoy día hay grupos que practican la misma idea. ¿Recuerda cuando era niño los muñequitos en los cuales se destapaba la acción de un genio dormido con las palabras “abra-kadabra? Eso es lo mismo que hacen los miembros de la llamada Nueva Era con la repetición de ciertas frases, o lo que hacen los musulmanes con la repetición de lo que llaman la “shahāda”.
La palabra usada en griego en este pasaje de la Biblia es battalogeo  que significa usar muchas palabras o hablar en exceso. También significa pronunciar sonidos sin sentido, hablar de manera incoherente. Es el equivalente al concepto que implica la palabra “balbucear”. Son los sonidos incoherentes y sin sentido que emite un niño cuando comienza a hablar. Dios no se agrada con las oraciones repetitivas, Él desea que nosotros derramemos nuestra alma y que clamemos a Él reconociendo nuestra total dependencia.
Esta semana nos hemos extendido más que de costumbre, pero pienso que era necesario y no quiero terminar sin que veamos una historia del Antiguo Testamento que está en  1 Reyes capítulo 18. El año pasado tuve el privilegio de visitar el Monte Carmelo, el mismo lugar en el cual el profeta Elías protagonizó esta historia. Mientras que uno de los miembros de nuestro grupo leía 1 Reyes 18, mi mente volaba al pasado y me situaba con la congregación de los hijos de Israel viendo a los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de la diosa Asera y al profeta Elías edificando sus altares. Las palabras de Elías retumbaban en mis oídos  mientras se leía el versículo 21 y mi corazón se llenaba de tristeza pensando en la gran cantidad de gente que como el pueblo de Israel hoy también guarda silencio ante tan crucial pregunta y prefiere seguir jugando a “complacer”. Como decía alguien una vez “a dios y a la virgen, por si acaso”. Sí,  puse dios con minúscula porque ese que se puede compartir no es nuestro Dios que es CELOSO y EXCLUSIVO.
Elías no pudo resistir la tentación y en 1 Reyes 18:27 se recoge como el profeta se burlaba de los profetas de los dioses paganos. Los versículos 28 y 29 recogen algo que yo he visto en nuestros días. Un domingo en la mañana pude ver en la Plaza Mayor de Ciudad México, frente a la iglesia de la Virgen de Guadalupe a una gran cantidad de personas que se arrastraban por la Plaza, que se flagelaban y sacaban sangre de sus cuerpos. Recordé como en la ciudad de la Habana en Cuba, los creyentes se dirigían al llamado Santuario del Rincón caminando descalzos muchos kilómetros. Estas acciones y TODAS las promesas que vemos que hoy día que la gente hace y trata de pagar, solo persiguen el fin de llamar la atención de sus dioses.  No se llame a engaño, las vírgenes y los santos son “dioses” que pretenden ocupar el lugar del Dios verdadero.
Siga hasta el final del capítulo 18 para que vea el desenlace de la historia. ¿Para qué Dios pondría este tipo de historia en la Biblia? Estoy seguro que Dios nos quiso decir por medio de este episodio que sucedió en el Monte Carmelo que las largas oraciones, las penitencias, las repeticiones, las promesas, el pago de promesas, la velas encendidas, la repetición de oraciones, y la elocuencia al orar, no hacen falta para pedir la ayuda de nuestro Dios.
Dios aprecia la sinceridad de nuestros corazones y las conversaciones íntimas que podamos tener con Él. Nuestro Padre sabe lo que necesitamos, antes de que nosotros incluso nos demos cuenta de nuestra necesidad y no está “probando” nuestra fe contando cuántas palabras usamos, lo elocuente que somos o lo bien informados que estamos.  Recuerde que hay dos recompensas, para nuestras oraciones la que dan los hombres y la que da Dios.
¡LA RECOMPENSA DE DIOS A NUESTRAS ORACIONES ESTÁ RESERVADA PARA AQUELLOS QUE BUSCAN SU CORAZÓN, NO PARA LOS QUE BUSCAN LLAMAR SU ATENCIÓN!

Señor, gracias por tu Palabra, enséñanos a orar…

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Dios siempre responde

Jesús era Dios vestido con carne humana por lo que debemos prestar mucha atención a la respuesta que le dio a la petición del discípulo para que le ensenara a orar.  Encuentro que la primera declaración de Nuestro Señor con respecto a la pregunta, contiene la base o el cimiento para una oración eficaz. Hay cuatro aspectos en lo primero que señala el Maestro:

  1. Reconocer al Padre como lo que es, nuestro Padre
  2. Declarar su lugar de habitación
  3. Alabar y bendecir su nombre y
  4. Declarar que ANTE TODO, se haga la voluntad del Padre

¿Cuántas veces ha pensado que Dios no responde sus oraciones? Probablemente nunca se lo haya dicho a alguien, pero es posible que lo haya pensado en más de una ocasión, créame, se lo digo por experiencia.

Hay una vieja historia que cuenta que un campesino compró en Home Depot una sierra de gasolina para cortar un árbol.  Tres días más tarde el buen hombre regresó a la tienda reclamando que le devolvieran su dinero. La sierra estaba casi inservible, había perdido casi toda la pintura y los dientes de la cadena aparecían muy gastados. El empleado forzando una sonrisa llamó al administrador para que le ayudara a resolver el problema. El administrador le preguntó al campesino cuál era el problema, a lo que este contestó que “eso” no servía ya que había pasado tres días y solo había logrado cortar tres ramas del árbol.  Entonces el administrador agarrando el cordel tiró de él fuertemente logrando que la sierra después de toser tres o cuatro veces arrancara. Inmediatamente el campesino lanzó un grito diciendo: ¡Ah, para eso era el cordelito! El buen hombre había tratado de usar la sierra como si fuera un serrucho.

Así que por favor, antes de volver a decir o pensar que la oración no funciona o trabaja con usted, pregúntese como ha estado tratando de orar. Permítame hacerle algunas preguntas:

                ¿Ha estado usted orando cómo enseñó el Maestro?

                ¿Qué espera de la oración?

                ¿Qué tendría que suceder para que usted pensara que sus oraciones son respondidas?

                ¿Considera que las oraciones reciben respuesta?

                ¿Considera que Dios debe hacer lo que usted le pide?

La respuesta para la mayoría de estas preguntas y para otras similares aparece en Mateo capítulo 6 en lo que se conoce comúnmente como el Sermón del Monte. Esta enseñanza aparece en tres capítulos y contiene los fundamentos de lo que significa ser un seguidor del Maestro. Aparece aquí una instrucción sobre la oración que no debemos pasar por alto ni tomar a la ligera. Dice lo que la oración se supone que sea y haga. Leamos lo que dice Mateo 6:6

                “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará…”

Tal vez la queja más frecuente sobre la oración es cuando alguien enferma y oramos a Dios por sanidad para esa persona y no logramos lo que “esperábamos”. Hace poco más de un año un joven de nuestra iglesia que había sufrido una operación de un tumor canceroso en el cerebro hacía dos años,  tuvo un regreso del tumor. Personalmente yo era su compañero de oración. Estábamos celebrando un retiro y se nos informó que él había sido ingresado en el Hospital de Vanderbilt. Los participantes me pidieron que al terminar el retiro fuéramos al hospital a orar por este hermano. Esa fue una linda experiencia pues un buen grupo de hermanos llenamos la habitación y el pasillo del hospital aquel sábado en la tarde. Oramos con fe, impusimos manos al enfermo y nos sorprendió la fe y la confianza del enfermo que tenía una niña pequeña. Los tres o cuatro meses siguientes fueron meses de una actividad de oración intensa por este hermano. Entradas y salidas del hospital, operaciones, visitas al hospital y a la casa, los hermanos ministrando a las necesidades de la familia, atendiendo a las necesidades materiales y espirituales. El hermano a cargo del ministerio hispano velando para que nuestra iglesia pudiera cubrir todas las necesidades. Una familia de la iglesia se hizo cargo de los niños, atendiéndolos como a su propio hijo. No recuerdo haber participado de otra experiencia como aquella en mucho tiempo. Derramamos nuestra alma a Dios en oración por la sanidad del enfermo, pero nuestro hermano murió en menos de cuatro meses.

Habíamos pedido una cosa y ocurrió otra. Algunos hermanos se desalentaron. Otros se preguntaban ¿por qué no funcionó la oración? ¡No me malentienda! ¡Dios respondió a nuestras oraciones! No de la manera que nosotros queríamos, pero Él nos respondió. Yo le puedo garantizar con mi experiencia personal que Dios SIEMPRE responde a nuestras oraciones.

La Palabra de Dios está llena de ejemplos de personas que oraron y Dios les concedió exactamente lo que ellos estaban pidiendo. Pero NO SE VAYA A CONFUNDIR, el principal propósito de la oración no es que se nos conceda lo que pedimos.  La oración no consiste en darle a Dios una lista de “peticiones” como hacen los niños con Papá Noel o Santa Claus. Muchas veces pedimos cosas que luego, con el andar del tiempo, descubrimos que no eran lo mejor para nosotros. Hace algún tiempo llegue a esta conclusión que considero fundamental para entender la importancia de la oración. ¡DIOS NO EXISTE PARA COMPLACER NUESTRAS PETICIONES!

Observe si los cultos de oración que celebra son un cúmulo de peticiones. No digo que no sean válidas, tampoco digo que no haya necesidades y deseos, pero, como el campesino de la sierra, estamos obviando el cable para poner en marcha el motor.

Pero TENGA CUIDADO, la oración tampoco es un medio para ALERTAR a Dios o DARLE A CONOCER nuestras necesidades. DIOS CONOCE NUESTRAS NECESIDADES MUCHO MEJOR QUE NOSOTROS, y por cierto, Él no necesita que le hagamos recordatorios. La oración ¡NO ES UN MEDIO PARA MANIPULAR A DIOS!

El PRINCIPAL propósito de la oración es permitirnos pasar un tiempo conversando con nuestro Padre Celestial.  Cuando este sea nuestro objetivo, podremos orar en todo momento y podemos estar seguros que seremos recompensados. Por eso Pablo nos manda a “orar sin cesar”.

¿Recibiremos entonces lo que estamos pidiendo? ¡Tal vez sí, o quizás no! ¿Recibiremos la recompensa de estar en la presencia del Padre Celestial? ¡De seguro que sí! La conclusión más importante que podemos sacar hoy es esta: LA ORACIÓN NO ES PARA RECIBIR LO QUE DESEAMOS, es para recibir la recompensa de Dios.

Cuando logramos comprender el verdadero propósito de la oración, entonces nuestra perspectiva cambia por completo y en realidad produce una “revolución” en la manera en la que usted se relaciona con Dios. ¿Se ha puesto a pensar alguna vez que cuando usted ora, está hablando con el Creador del universo? Él es quien ha decidido ser nuestro Padre. Él nos ha escogido. Él ha abierto las ventanas de los cielos y nos permite pasar todo el tiempo que deseemos en su maravillosa presencia. Esta es en sí una gran recompensa que usted puede disfrutar cada vez que ore.

La frustración mas grande que he recibido orando por otras personas y con otras personas es que la mayoría de las veces, esta gente no tiene la menor idea de lo que es la oración. Me han pedido que ore por un gato enfermo. He estado orando con una persona, usando mi tiempo para ayudarle en una situación crítica y de pronto esa persona ¡ha suspendido las oraciones para irse de vacaciones! Me han pedido que ore por una persona que enfrentaba un juicio y a la vez esa persona estaba visitando a un “santero” y haciéndole promesas a la virgen. El asunto es SIMPLE, mucha gente NO ENTIENDE lo que es la oración, y los líderes eclesiásticos fallan en enseñar porque a lo mejor, algunos, tampoco saben bien de qué se trata.  

Insisto en el ejemplo de los discípulos de Jesús. Como judíos ellos sabían orar,  pero no habían aprendido a entrar en una relación con el Padre celestial.

Para terminar déjeme contarle otra historia. Cuando yo era niño, cuando me enfermaba y no podía ir a la escuela, mi mamá me dejaba en la cama leyendo los “muñequitos” (comics) y salía a hacer las compras del día, ya que  no teníamos refrigerador y la carne y otros productos había que comprarlos a diario. En esas ocasiones, invariablemente mi mamá siempre me traía alguna chuchería, y claro está que yo escuchaba la puerta abrirse, saltaba de la cama y corría a su encuentro con una pregunta: ¿Qué me trajiste? Así pasó mucho tiempo, hasta que un día, cuando yo ya era un poco mayor, mi mamá me dijo un poco molesta, en lugar de preguntar qué me trajiste, me debías dar un beso y decirme que me extrañaste.

Yo aprendí la lección muy bien, tenía “chinas” o varicelas, de manera que no podía ir a la escuela, así que al día siguiente cuando llegó mi mamá, corrí a recibirla a la puerta, le di un abrazo grande y un beso,  y le dije: “Mamá te quiero mucho y te extrañé mucho, ¿qué me trajiste?

Cuando al fin yo comprendí que la oración me permite entrar a la presencia del Padre Celestial, y me da la posibilidad de expresarle mi amor y de agradecerle sus cuidados y provisión constantes y darle el honor y el respeto que Él merece, descubrí un nuevo sentido y una nueva pasión para orar.  El simple hecho de poder hablar con el Padre, ya es en sí un regalo. De manera que si ponemos las cosas en orden y entendemos que el propósito principal de nuestras oraciones, es comunicarnos con el Padre, en lugar de hacer una lista de peticiones que incluyan hasta al gato de la vecina,  entonces comprenderemos QUE NO HAY ORACIONES SIN RESPUESTA.

Quiero terminar esta semana invitándole a que medite y piense si tal vez usted ha estado usando con Dios la misma táctica que yo usaba cuando era de niño de preguntar: ¿Qué me trajiste?  ¿Cómo se siente  usted cuando sus seres queridos lo tratan como si fuera una máquina de dar dinero (banquero automático o ATM Machine)?

Oremos al Padre y pidámosle QUE NOS ENSEÑE A ORAR…

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